20 de marzo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Los balances se venían adelgazando y la tendencia -después confirmada con las siguientes entregas- iba en tal dirección. Pero, en estos momentos existió una oleada bien notoria -que nos encargamos de hacer notar, inclusive con casos individuales- a dispensar grandes sumas de dividendos en efectivo. Justamente lo que el escenario desaconsejaba, porque la economía del mundo seguía sin salir de su atolladero y el porvenir resultaba una cuestión muy turbulenta. Más adelante bajaron los mensajes oficiales, respecto de prohibición para algunos sectores al efectuar repartos (que se contradijo con la zona donde se plantearon fuertes polémicas con Siderar y otras, procurando que otorgaron el máximo de repartos posibles). Y luego, sobrevino la tendencia actual, donde los directivos se muestran sumamente conservadores, sin atreverse los «grupos de control» a votarse dividendos en efectivo y trasladarlos a constitución de «reservas», de tipo diverso. Esto último mereció ser apoyado por esta columna, para ser coherente con lo que nos parecía como demasiado «generoso» en tales repartos. El asunto es que por razones distintas, coincidimos con aquello que llegó como la señal «desde arriba». Los funcionarios para evitar remesas que se iban al exterior, o cortando la fuga de divisas, nosotros desde el aspecto meramente bursátil y apelando a la sensatez de actuar de modo clásico, ante la situación. No dejar a las economías desprotegidas de acumulados, que después deben ser cubiertos por endeudamientos. Los grandes cobros de efectivo, esto es de toda la vida en nuestro medio, solamente resultan un gran atractivo para los que son grupos controlantes, o para los minoritarios que posean una gran posición en estos papeles. Porque el reparto en efectivo siempre se realiza sobre el «valor nominal» de una acción -a efectos bursátiles es de $ 1- por más que el título cotice en el mercado a diez, o veinte, veces más. Ergo, para un inversor de calibre normal lo que el «efectivo» le representa es sumamente exiguo respecto del capital invertido y al precio de mercado de la acción. Por ello, la utilidad en la Argentina desde siempre -salvo en algunos «veranitos» económicos- se ha buscado con cobrar pagos en acciones, esperar que la acción se haga exdividendo- o exajuste al capital- y acompañar la recuperación desde la nueva base de cotización. Hoy, todo es un revoltijo, donde los espléndidos dadores de efectivo, ahora son conservadores. En tanto, la realidad muestra balances flacos.

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