13 de abril 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Un mundo económico a la deriva, después de cinco años de los primeros estallidos, resulta peor que aquellos momentos en los que el concepto de la «fiesta eterna» estallaba. Porque una vez tocado el fondo del pozo, de inmediato se contagia la idea de un resurgir, que aun siendo de trámite lento se supone que cada vez se estará un poco mejor hasta encontrar la vida normal nuevamente. El ánimo y las ilusiones se van mellando cuando se advierte que a pesar de los mayores esfuerzos, no se puede salir de una meseta. Distante ya el fondo del pozo, pero también lejana la luz de la superficie.

Los que más se adentran en ver de qué manera se han corregido los males que llevaron al estallido tienen una doble frustración: porque notan que a grandes rasgos, con otros decorados y estratagemas, casi nadie varía en la formación de «genes» de una crisis. También, el comprobar la ausencia de talento de los que pretenden comandar la resurrección. Y todo es un dejarse llevar, hasta traernos a este abril de 2012 en el que no hay horizonte definido y casi todo -en voz de gobernantes- es crear en las sociedades el «odio a los mercados».

Cosmética

Ya se está viendo que los recursos artificiales se van agotando, en el mundo de las Bolsas su mayor representante ha venido siendo el Dow Jones. A través del hábil tratamiento cosmético de pequeños datos sesgados, hacerlos tomar cuerpo de importantes. Y hasta capaces de dejar en segundo plano a las novedades que, siendo del fondo verdadero de la tendencia, se van corridas del foco de atención.

Desde el Dow, ayudando a los demás que copiando su avance lo traducían en todo el gran tablero global. Y de pronto se creó un vacío imposible de llenar -costando cinco bajas consecutivos-, los chinos ya no juegan de «comodín» porque también difundieron sus propios problemas.

Europa ve que le nacen «nuevas Grecias» y hay candidatos del sur ven que la crisis también les pega y que fluyen dificultades domésticas (y medidas con perfil de desesperación). El estallido del Norte y sus bribones bancarios se fue derramando por el mundo y la crisis se bajó de las finanzas, para caminar por las calles sin piedad y diciendo: «Siempre se puede estar un poco peor...». (¿Hay quién acierte a saber adónde vamos?).

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