2 de mayo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Tomar lecciones de otros ámbitos, que no sean el bursátil mismo, muchas veces provee una explicación simple: a lo que lleva largos párrafos centrados en términos de Bolsa. Por caso, la ciencia asegura que «el manejo de una especie dada debe considerarse en términos de su ecosistema. Pescar una sola especie altera la red alimentaria en su totalidad». Y allí tenemos el accionar sobre YPF, alterando todo el sistema en su derredor. Siempre hablando en función de cotizaciones, de precios de mercado o de capitalización bursátil. Trasladar esto para explicar «por qué las empresas argentinas valen tan poco» es vulnerar -como se ha hecho ya habitual- el límite bien marcado entre lo que «cuesta» la compra de una acción y lo que «valen» los activos empresariales que le dan respaldo. Porque si la relación fuera directa, el gran negocio de estos años hubiera sido adquirir sociedades cuando el Merval tocara aquellos 900 puntos de 2009. Si hoy, marcando en cerca de 2.300 puntos, se considera a las compañías con tan escaso «valor»: pues, aquello era una increíble «pichincha». ¿Y qué empresa cambió de manos con Merval a 900. Ninguna...

De todos modos, es una estrategia que rinde sus frutos hablar de «poco valor», cuando se quiere difundir a la opinión pública que el sonado caso de YPF depreció el «valor» general de empresas cotizantes. El mismo caso sobre posiciones que posee la ANSES, en papeles de Bolsa: ni fue un tesoro cuando el mercado poseía al índice subiendo un 50%, en 2010, ni tampoco ahora se puede hablar de cuánto se está perdiendo. El concepto de la «ganancia realizada» lo conocen bien los inversores. Mientras la posición no se efectiviza en dinero, ganancias -o pérdidas- resultan virtuales. Si los títulos permanecen, seguirán fluctuando en sus precios, pero no hay cuenta real por realizar. En todo caso, bien puede apuntarse que aquel que ha vendido en el mes de abril seguramente recogió pérdidas sobre lo que poseía en marzo, o en 2011. Pero el valor de los activos de las compañías permanece ligado a otras variables, más serias que una cotización: sobre la que el empresario no tiene control. De paso, ya que hay tantos artículos hablando de lo muy poco que «valen» los papeles, pues la más sabia recomendación es sacar provecho: y comprar.

Preguntar, a algún «grupo de control», si nos venden su posición a estos precios. Cambalache.

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