23 de julio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Como en nuestro medio, en el país en general, las apreciaciones que toman estado público sufren una suerte de tratamiento -por los demás- que busca una supuesta doble intención. O el mensaje subliminal, el de tratar de leer entre líneas, hasta llegar a tergiversar el simple pensamiento emitido: queremos dejar en claro, si bien la exposición original ya era clara, lo que expresamos al hablar del «dólar-Bolsa». De ninguna manera emparentado con el otro tipo de dólar-Bolsa y que siempre ha gozado de mayor popularidad, en estos tiempos. El tipo de utilización de lo bursátil, comprando acciones de doble cotización para que sirvan de «mulas» entre Buenos Aires y Nueva York. La estratagema -porque no es una estrategia admisible como tal- para llevar dólares de un punto a otro, respondiendo a un interés puramente de orden cambiario financiero o como se lo quiera llamar, pero de ningún modo asimilable a lo que debe ser una operación de cepa bursátil.

Tanto se ha hablado, y tanto se lo ha utilizado, que tal vez al leer de corrido -o con mala intención- algunos puedan interpretar lo dicho aquí como una incentivación de lo otro: lo indeseado. Nosotros mencionamos lo que sí es una relación dólar y activos accionarios: donde el interesado verifica que por la altura alcanzada en un referente -el dólar- se produce un desagio mayúsculo sobre los papeles cotizantes.

Y respecto de lo que es el precio de un capital accionario en dólares. Para actuar y efectivizarlo, además del conveniente análisis sobre las compañías y su sanidad, el componente esencial es la paciencia. El saber que primero se toma a la acción como un activo depreciado, en términos de moneda dura, se constituye una operación de genuina «inversión» y a la espera de que los precios relativos, desfasados, más adelante recuperen niveles razonables.

La apuesta -si se quiere llamarlo así- de ganarle al dólar con acciones es un clásico de nuestro medio. Donde siempre, los primeros tramos son para que la moneda saque ventajas apreciables, pero en el trayecto largo el dólar -que es atesoramiento- sea doblegado por lo que es: inversión. Queremos creer -lo deseamos- que tal inquietud se haya podido despertar, porque es más beneficiosa que el juego de las subas artificiales. Dicho con la mejor intención, sin dobleces y lejos de lo pernicioso que es el usar acciones como transporte. Amén.

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