7 de agosto 2012 - 00:00

CUPONES BURSÁTILES

Cada semana que se inicia trae el raro encanto, por así llamarlo, de esperar por nuevas piezas dialécticas que aparezcan adornando las pantallas y los otros medios de información. Qué nuevas cuestiones, reales o articuladas expresamente, habrán de incidir sobre la dirección de los mercados. Esto es una constante que nunca ha faltado a la cita; no existe un período semanal que se desarrolle con el escenario de la anterior y esté despojado de nuevas versiones, hipótesis o declaraciones. Desde las usinas políticas, en muchos casos asociadas a las económicas, se vuelven a tejer las «telarañas», donde el participante más incauto vuelve a quedarse pegado. Seguramente aparecerán nuevos indicadores de la economía del norte, aptos para ser moldeados a gusto y placer desde los escritorios de las casas de inversión. Quizás también se agreguen opiniones de gobernantes, o de ejecutivos de organismos supervisores, para condimentar los nuevos platos que poblarán la nueva semana. Nada ingresa en el campo de lo previsible, hacer pronósticos basados en lo pasado posee el mismo grado de eficacia que el parte meteorológico con que nos contactamos diariamente. En favor de esto último, podemos creer en que aquello que nos pronostican resulta enteramente veraz: esto es, se confeccionan tomando en cuenta los datos objetivos del clima y que deberían derivar en efectos consecuentes.

En cambio, todo intento por trazar un pronóstico sobre la base de lo que pulula desde lo económico global tiene una carga dudosa que se han ganado -con creces- los tantos hechos descubiertos. Desde la realidad de los balances, hasta lo que explotó en torno de la tasa Libor, o el verdadero estado de circuitos bancarios que, súbitamente, aparecen reclamando rescates desesperados. Y ni que hablar de los números de los países, desesperados para tratar de maquillar cifras adversas que los conducen a inmediatos ataques de sus acreedores, o de las empresas de calificaciones. ¿Podría alguien dar fe, poner las manos en el fuego, por la real situación de la banca y los países del mundo? Solamente hay que aguardar hasta la próxima sorpresa y aquellos que negaban su situación precaria de pronto solicitan ayudas inmediatas. En tal «caldo» se continúa cocinando el ejercicio, pasando de la depresión a la euforia. Y dejando cada vez más lejana la salida de la crisis. Peor, cuando encerraron a «Alí Babá» (Maddoff), pero dejaron libres a «los cuarenta ladrones»...

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