8 de octubre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

La crisis y su labor implacable sigue rasgando vestiduras que hasta no hace mucho lucían como inmaculadas, en países que eran considerados «primer mundo» y un ejemplo para los de otras categorías. Hoy en día, hay serias dudas acerca de datos estadísticos en Estados Unidos, donde acaban de informarse números sobre desempleo que -curiosamente- aparecen favoreciendo a un Obama complicado para las elecciones. Se dice que el índice es ahora del «7,8%», cuando había permanecido en una meseta de arriba del «8%» durante largo tiempo. Del otro lado, el candidato republicano asegura que sería del «11%» y luce como exagerado, impregnado -también- de la necesidad electoral. Otrora, nada ni nadie hubiera puesto en duda algunos de los indicadores de la economía líder del mundo. Hoy, algunos parecen tan extraños como esos informes que a diario vemos surgir, en relación con los «motivos» que ayudan a que el Dow Jones siga su marcha hacia arriba y evite cualquier derrape más allá de niveles mínimos, o no enlazar un par de ruedas contrarias como si ello fuera prohibido por alguna «mano» habilidosa. Si se mira del otro lado del océano, los desastres administrativos en los que eran orgullosos países europeos y la cadena de mentiras que acumularon, antes de reconocerlo, dejarían sin habla a los buenos políticos que supieron tener. Detrás de los que provocaron las caídas también han surgido otros que proclamaron poseer las «soluciones» rápidas, y ahora enfrentan una realidad que era previsible. Como Hollande -en Francia-, quien se olvidó de que el capital no es una presa fácil y que habrá de moverse, en cuanto el clima no le sea propicio. Tras ir contra «los ricos», y tener que observar de qué modo hay unos 3.000 empresarios que están procurando reinstalarse en otros lugares de Europa, donde los impuestos resulten menos confiscatorios. De última, hasta pequeñas empresas se han rebelado después que el Gobierno decidiera que se habría de quedar hasta con el 75% de cualquier venta que realizarán compañías de internet, al transferir la propiedad de éstas. El mundo de hoy está fundido en una sola masa, donde no hay grandes ni chicos, sino que la improvisación y las equivocaciones surgen en todas las regiones y calibre de países. Paradoja en la historia, después de tanto hablar de «globalizar», esto se hizo realidad desde el ángulo más oscuro que pudiera pensarse. A falta de ilusiones, vivir de las mentiras: algo que equipara economía y mercados.

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