23 de octubre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

El viernes de Wall Street y un derrape del Dow Jones en el 1,52% -que rompió esa especie de válvula de regulación de las bajas, que tantas veces se vio en el año- dio para todo. Sobre la aparición de los «fantasmas» de su mes más temido en todo su historial, que ya habían merecido comentarios en nuestra columna antes del viernes, hasta llegar a sacar de los archivos los sucesos de aquel «lunes negro» -de 1987- como si la coincidencia en el número, 19 de octubre, habría armado un diabólico acto conmemorativo en 2012. Como simple «Nota de color» vaya y pase... pero, pensarlo en serio, ingresa en el terreno del disparate. En todo caso, hay unas cuantas conmemoraciones para hacer en octubre y los debacles de Wall Street (comenzando por 1920).

La realidad en Estados Unidos, su economía, la relación de ella con los balances empresarios, al menos por esta vez, fijó una línea de corte, en lugar de seguir caminos paralelos. Y esos balances arribados generaron una sorpresa que tiene mucho de inaudita, solamente amparada en toda esa «burbuja» inflada por el ensueño de creer en que un mercado bursátil puede mostrarse independiente de lo que dicta la economía que le otorga validez y le provee las causas, para ser reflejadas en un índice de riesgo. ¿Qué puede esperarse en economías estancadas -o en crisis- de los balances de compañías que actúan en ellas? Pues, salvo excepciones por algún rubro muy particular, el grueso de esos estados contables debe mostrar números estancados, o en crisis. Que una cuestión es poder venir «trabajando» sobre los desarrollos bursátiles, desde la utilización de cualquier recurso que disfrace la realidad. Y otra es poder obrar -lo que sería el colmo que falta- sobre los números empresarios que se presenten. Allá, aquí, donde sea, suponer empresas ricas en economías empobrecidas solamente pertenece a mentes que se dejen llevar por esa creencia en las Bolsas y sus participantes, que declaren su «independencia» del contexto donde tiene que actuar. Pero dicho esto tampoco extrañe que velozmente se coloquen algunos «decorados», para dejar de lado los malos balances y, en virtud de cualquier menudencia que pueda jugar de dato optimista, hacer que el índice retome el curso hasta donde sea posible. Porque está claro que «las ramas no crecen hasta el cielo» en el árbol bursátil y, en determinado punto, llega la poda a fondo.

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