Tan rápidamente se dan vuelta las páginas negativas que en cuanto pasamos del viernes al lunes, la corteza tan gruesa que le han fabricado al Dow Jones volvió a recomponerse y a cerrar las brechas. No solamente desaparecieron de escena las connotaciones referidas al «lunes negro» de 1987, que había sido un 19 de octubre (esta vez fue viernes) y en verdad que ésa era una referencia para dejar de lado que no aportaba nada, salvo el «colorido» para traer aquello del pasado. Pero es que en el barrido de motivos bajistas, también se fueron por la rejilla las causas que muy bien sintetizó el economista Siaba Serrate (en Ámbito Financiero del lunes). Esa tanda de balances con flacos, o depresivos, rendimientos de las compañías mostrados a la luz pública. Y bien lo afirmaba el columnista, al decir que «a la respiración de Wall Street no la ciñen los fantasmas del pasado, sino el presente negro en recompensa...»). Las 117 sociedades que habían presentado sus balances, hasta el viernes, marcaron -en conjunto- una caída de utilidades interanuales del 4%. Y por vez primera, desde 2009, las grandes compañías de Estados Unidos se encaminan a registrar una merma. El recorte de costos ya llegó a un punto inelástico, no da para seguir restringiendo margen bruto, a favor de las mejoras de estructura. Las denominadas «mejoras intensivas», las que una sociedad realiza hacia adentro, cuando la de tipo externo está seriamente oprimida (la demanda, por caso, como le sucedió a la líder en hamburguesa), ha llegado a un punto límite. ¿De qué modo y de qué esfera que no sean los ingresos, o los costos y gastos muy afinados, se podrán generar beneficios? Pero, ante una realidad comprobada y que es el simple reflejo de una economía que prosigue en la meseta, se tiene un recinto bursátil que goza de las mieles, de ir en procura de nuevos puntos máximos en su escala. La aleación de ambos elementos, resultados de balances y precios de mercado, conforman los elementos que se cotejan para determinar el «precio/utilidad». Y ahora tienen en el NYSE balances decrecientes, con acciones en las alturas. Una evidente llamada a la «corrección» purificadora de las cotizaciones, a la que se resisten -de manera sistemática- en aquel mercado. El problema que se presentará, en un punto dado, es el clásico: cuando llega el momento en que «el mercado corrige» y recorta los desvíos. O pincha las «burbujas». Y la historia demuestra que son cortes drásticos (y generan heridas profundas). Por ahora, todo sigue.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario