25 de octubre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Nadie podrá olvidar este 2012, un año que estuvo plagado de novedades explosivas en el mundo -la mayor parte de ellas inesperadas-, pero para nuestro ámbito local la fecha del martes 23 de octubre también quedará grabada a fuego. Jornada en la que los protagonistas del mercado quedaron tomados entre dos fuerzas capaces de generar un violento derrape bajista, cada una con su carga apta para ello por sí mismas. Por una parte, el descenso del Dow Jones, nada menos que del 1,82%, y su lógica acción de arrastre sobre los demás índices. Que, uno a uno, se deslizaron en toda región. Por la otra, los súbitos anuncios que involucran de lleno al sistema bursátil nacional y -más allá de considerandos posteriores- generando un pozo de incertidumbre, al no poder medirse las consecuencias y lo pormenorizado de las propuestas. Sobre la rueda de tal día, comentamos que si bien el Merval era uno más de la caravana global, que debía reflejar lo sucedido en el exterior, al llegar a una caída del 3,6% existía -lo más probable- un segmento extra, superior a los colegas, para ser atribuible a causas locales.

Y lo que arribó al sistema bursátil no fue alguna nueva medida, aislada, o una serie de ellas. Es de tal magnitud y poder de impacto como para poder calificar al paquete anunciado de ser un meteoro. Capaz, seguramente, de abrir un cráter y remover hasta las bases mismas y los marcos, dentro de los que se mueve lo bursátil a partir de la Ley 17.811, que dio lugar a crear la actual Comisión Nacional de Valores. Instaurada en el mandato económico del Dr. Krieger Vasena y que fue una réplica -adaptada- de las normas que poseía la SEC de Estados Unidos. (Conviene recordarlo, porque quizás mucha gente imagine que aquí todo se movía en el aire, o sin reglas ni vigilancias). Decíamos que lo anunciado, unido a ciertas declaraciones oficiales posteriores, es tan amplio, ancho, denso y profundo que para dar alguna opinión, o cierta visión preliminar, nosotros elegimos dejar decantar.

Seguir preguntando, leyendo, reuniendo opiniones. Sí le decimos al lector, se lo aseguramos, que con lo que es la CNV actual esto no puede instrumentarse (seriamente, claro). El cómo se hace, después del vamos a hacer, es el gran interrogante. A menos que se cree un superorganismo, para poder atender cada engranaje con propiedad, con personal sumamente preparado, todo lo enunciado a grandes trazos corre el riesgo de ser sólo un cráter.

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