Con la actuación del viernes, la aceleración del Merval ocurrida en recientes ruedas puede que resulte lo más llamativo que sucedió en el mundo de los mercados, a lo largo de diciembre. Observando el «ranking» de los competidores, vemos que nuestro papel principal se ubicó ya en zona de un 10% de utilidad en 2012, que es, por escaso margen, la misma que obtiene en el correr del presente mes. Con ello, pasó de largo a un Bovespa que está ciertamente anclado -con menos del 5% en el año-; también le sacó enorme distancia al IPSA chileno, que nada más consigue asomar en positivo. Al mismísimo Dow Jones, que merodea un 8%, al de Inglaterra que no alcanza un 7% y, mirando -desde muy lejos- a dos acompañantes de la mala, que vino teniendo durante buena parte del trayecto: Madrid y Shanghái (ahora, los dos únicos lamentando pérdidas en el ejercicio). Todavía lejos de los que mejor trabajaron, en zona de un 19% el de Suiza y con un 15% los indicadores de México y Japón, esta semana resulta decisiva por ver si el Merval puede sostener su feroz embestida final en el año, y darle alcance a alguno de ellos. De todas maneras, saliendo del fondo del pozo para situarse entre los cinco mejores tiene perfil de «hazaña» (encomillada, claro, porque las verdaderas hazañas no pasan por la evolución de un índice bursátil). En comentario sobre el día viernes, de la rueda, intentamos hacer una radiografía tanto de los porcentuales en precios, como del origen del gran volumen, que reunió más de 70 millones de pesos. La realidad marca que no fue una bonanza derramada, sino que el acento puesto en negocios con las tres plazas esenciales del indicador ponderado -G. Galicia, Tenaris, a YPF- resultó la gran razón para lo producido en la última rueda.
Más allá de ciertos fallos a favor del país, en cuanto a la controversia legal por los «bonos» del canje, no es posible -al menos para nosotros- encontrarle otras explicaciones nítidas al proceso alcista llevado adelante en nuestro recinto. No existen noticias estimulantes, como para cambiar de raíz el ánimo de los operadores. En el contexto, todo es igual a cuando el sistema trabajaba con montos de $ 25 millones y los precios se movían pesadamente. La única pista cabe encontrarla por el deseo de ciertas «manos fuertes», para darles un envión a las carteras accionarias y poder mostrar -en su ámbito- que todo no fue tan negativo. Los movimientos súbitos, de ocasión, suelen también terminar como llegaron: súbitamente.
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