La venta de la Bolsa de Nueva York, a manos de una entidad que en una decena de años ha recorrido camino de capitalización que antes llevaba muchas décadas de ganar prestigio -y mercado- no es una novedad más. Como un simple cambio de manos de un grupo de control a otro. Los que gobernarán el terreno puramente bursátil serán los que ya mueven los negocios en commodities y que, en un falso gesto de «generosidad», ahora prometieron «no anular el piso de actuación del NYSE». El discurso de los nuevos dueños es hablar de «plataforma electrónica», de la alta tecnología, y que -curiosamente- también resultó motivo de fondo, que forjó la nueva ley del sistema en nuestro medio. Posiblemente, para acoplarse al centro de operaciones global que se está gestando. Donde, de hacerlo, sin dudas que los controladores poseerán el poder y los movimientos diseñados, sobre gran parte de los recintos del mundo. El tema es adónde nos derivará esto. Acaso, en la versión más realista, a que la siguiente crisis se vaya gestando directamente desde esa especie de «inframundo» de la tecnología y que -por más que hablen- será mucho más difícil, si no imposible, de regular y controlar debidamente. Es sumamente extraño, al menos nos parece, que desde la cúpula del poder en Estados Unidos se haya permitido semejante venta: donde un operador que domina plenamente un segmento vital, como son los commodities, también se haga con la cultura y sistema bursátil tradicional. El puramente bursátil, con trayectoria de 220 años. Si eso no califica como «monopolio», es difícil saber qué tipo de conglomerado son los que revistan en tal categoría. Todavía siendo un interrogante qué es lo que habrá de implementarse en nuestro mercado en estos meses que nada será igual, o no habrían forjado una nueva y tan distinta ley, las palabras del titular de la empresa que adquirió el NYSE dejó ciertas pistas: sobre que el proceso de un mismo esquema se está extendiendo por todo el mundo. Eso, y suponer que se marcha a un «mercado unificado» movido por la tecnología y las tan en boga «plataformas», no resulta una visión antojadiza. El legendario «gran tablero», con todos los mercados cuadriculados, quizás lo veamos llevado a la realidad en poco tiempo. ¿Será una buena esperanza para todos, o sólo para algunos? Venga lo que venga detrás, lo ya certificado es que ni en Nueva York, ni en Buenos Aires, lo tradicional seguirá vigente. Comienzan dos nuevas historias. Y se verá...
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