Para los que vivimos de modo profesional del andar de las Bolsas -sean periodistas, analistas, administradores, agentes, o toda especialidad relacionada- resulta un muy atractivo pasaje histórico, el que se transita. Que hizo eclosión en el mismo momento donde el Dow Jones arribó a una nueva cumbre en su trayectoria. Lo anterior eran solamente algunas consideraciones periódicas, con reflejo en los medios, pero desde tal punto clave ha venido resultando una sucesión de notas y opiniones, girando todas en torno de si la bonanza que disfruta el Dow, y que también derrama sobre mercados satélites, resulta adecuada. Si es sensata y posee fundamentos para sostenerla, desde los argumentos racionales o si -por el contrario- ha llegado a un nivel de "madurez" (última estación del ciclo alcista) que está derivando en una clásica "burbuja". Al respecto, nos lució como sumamente interesante la nota del miércoles -en Ambito- a cargo del economista José Siaba Serrate. Porque incorpora las dos visiones sobre el momento y abastece de datos y conclusiones, su trabajo sin descartar de plano, ninguna de las posibilidades. (Recomendamos leerla, imposible querer "mutilarla", para dar una síntesis de ella). En todo caso, después de haber leído -y tamizado- todas las opiniones vertidas en estos días, rescatamos que hay un elemento que no falta en ningún caso y es la zona de alta liquidez (o el "dinero barato") que siguió llevando adelante la Fed. Y otra deducción, que deriva de las distintas posiciones, es aquello que se ha instalado: el momento de duda. Origen de los diversos trabajos que se han realizado, tanto para defender o criticar el punto donde ha llegado el principal referente mundial. Hay quienes pronostican un final cercano -y traumático-, otros lo avizoran pero cuando las marcas estén bastante más arriba (como que hay todavía buen "techo", para seguir escalando). Pero, la duda, en un mercado de riesgo puro, suele ser, la antesala del clarín llamando a retirada. Que en los primeros momentos pasa inadvertido (porque la corriente que entra es superior a la que está saliendo).
El asunto es que la duda es el "virus" que se cuela en el sistema, para ir generando ventas de los más temerosos (y menos codiciosos). Sin parafrasear a Descartes, bien podría decirse que, ante las diversas opiniones que se cruzan: si de algo no se puede dudar, es de que se duda. (Y hasta ahora, no había sucedido.)
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