El ambiente global en los mercados se percibe tan denso como para poder cortarlo con un cuchillo. Que hasta los imaginativos "research" de Wall Street deban repetir los mismos conceptos el lunes (que ya habían utilizado el viernes) delata que se está llegando a esa instancia donde el negocio es mucho más factible en la baja que el trayecto que queda hacia un techo. Nunca para pronosticarlo, porque no será la última vez que salgan con algún "act of magic" y un nuevo motivador -real o armado- sirva de aparato propulsor. Sin eso a la vista, el presente indica que hay una demanda que luce como cansada y cada vez más cautelosa. Como si estuviera esperando que arribe lo que no arriba: alguna avanzada vendedora que produzca la corrección depurativa en las ramas que crecieron apuntando al cielo. Ya el foco de atención de todo el mundo está puesto en que los ansiados datos económicos con mejoras no sean convincentes, porque mucho más convence que la Reserva Federal, y su réplica europea, permanezcan pasivas y sin modificar la política monetaria. Y se ha llegado a tal punto que suena como absurdo festejar algún ratio -como desempleo- que viniendo flojo provoque la alegría por la actitud de la Fed. También, la pregunta sensata sería: ¿qué espera, después del día clave, donde se anuncien retoques en las tasas? En nuestro medio, a muy pocos importa si el Merval sube o baja, si tiene un trayecto de grandes ganancias o se desploma. Esto es así desde muchos años atrás, con un mercado bursátil enquistado en su propio clima y que no es tomado como termómetro de la economía, o como señal de incidencia para todos los sectores. Pero el mercado de Nueva York continúa resultando un dato de importancia para los norteamericanos y para el mundo, lo que posiblemente también se contemple en la Fed, para cuidar que no exista algún sesgo bajista importante. En tanto, nuestro recinto se debate en la casi total falta de interés comprador, abriendo el lunes con no más de $ 31 millones efectivos, apenas teniendo como consuelo el pésimo desarrollo del Bovespa a lo largo de 2013, por mucho, el peor de todos los competidores. Ruedas locales que ven correr el horario en medio de la monotonía, con operadores viendo de qué modo evitar caídas que hagan ruido y sabiendo que se produjo un quiebre a partir de abril, en un tajo que no pudo ser suturado. Un operar sin ganas.
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