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Cupones bursátiles
Tras el mencionado economista, otros profesionales adhirieron a la hipótesis y se produjo una leve brisa (que no fue corriente) en dirección a creer que, finalmente, el pago iría a realizarse. Se sumó, para el gran suspenso, que recién en septiembre se llevaría a cabo la revisión del índice de corrección, quedando así con chances todas las posibilidades planteadas. Pero, por si faltaba alguien a participar en el entuerto, pues se corporizó en la palabra del jefe de Gabinete -Jorge Capitanich- que desterró por completo toda opción a que se pague el cupón PBI. Y aquí debemos detenernos. Porque el funcionario ofreció -a nuestro parecer- una explicación fuera de toda posibilidad de análisis: simplemente amorfa (falta de toda forma). Porque no salió al cruce de lo expuesto por Nielsen, oponiendo razones de orden normativo (del título y sus condiciones). Tampoco apuntó a que las hipótesis que se hicieron públicas estuvieran equivocadas técnicamente. Sino que su expresión resultó: "Los economistas hacen una interpretación que no es compatible con la interpretación que hace el Estado nacional...", confirmando lo correcto del cálculo realizado, pero sin desestimar el que habían hecho tales economistas. Y la palabra clave resulta: "interpretación". ¿Cómo es posible interpretar, una norma que está establecida? En todo caso y dando por buena la explicación de Capitanich: ¿por qué tal interpretación correcta debiera ser sólo propiedad de la visión oficial?
Sin embargo, no debe desconocerse la habilidad expuesta en cuanto a que se desplazó el foco de la controversia. Que originalmente era la sorpresa general, de un PBI que de haberse promocionado como de un 4,9%: de pronto, aterrizó mutilado, hasta nada más que el 3%. Y desde tal buen paño para la polémica, se desplazó todo a discutir si el 3% (tácitamente dándolo por válido) igual habilitaría a tener que pagar. No es la primera vez que se observa el recurso "sofista" en la estrategia oficial.


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