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Cupones bursátiles
Se ha hecho muy ostensible desde el ingreso a la última crisis, donde los mercados han emergido varios capítulos adelante, de la historia de una recuperación de las economías: que se produjo con cuentagotas. El Merval, buen discípulo para toda senda que lo haga rehuir los formatos clásicos (como las necesarias "correcciones purificadoras" de la tendencia) es un excelente "alumno", de las clases que deparó el "maestro" Dow.
Ha llegado ahora a la exquisitez de repuntar de inmediato, con semejante amenaza para el porvenir económico, con base en el puro juego: de un dólar contra otro dólar primero, y hablando con "optimismo" -volcado a volumen- de una supuesta propuesta que llevaría el país (eje de la cual resultaba el cambiar la sede para los pagos, inmediato rechazo del juez Griesa).
El lector sabe que desde esta columna, solamente basada en reglas ortodoxas de mercado, siempre sostuvimos que en los dos extremos de los títulos sólo hay dos fuerzas existentes: deudor -el emisor- y acreedor (que posee posición en tales papeles). Después si el acreedor es pariente de la Madre Teresa, o de Alfonso Capone, no debe importarle al que emitió deuda: para discriminar y repugnar los pagos. El invento de denominar "buitres", a lo que se plantan frente a una propuesta que nos les gusta, se ha instalado como una marca en todo el mundo.
Detrás de la misma se escudan (habrá que ver si lo harán, a partir de este episodio) deudores que rehuyen todo sacrificio y apuntan con el dedo índice a quiénes no hay que pagarles.


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