20 de junio 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Digámoslo claro -aun a riesgo de que otros nos desmientan-, una situación de contexto como la que irrumpió el lunes (con la actitud de excusarse, de la Corte de Estados Unidos) era capaz de generar no solamente una fecha -como sucedió- sino una pendiente casi vertical, en el mercado de riesgo (las acciones). Cuando decimos "era capaz", nos referimos a otra época y que no es tan sencilla de precisar. Pero, con un margen de error apreciable, digamos que hasta la década de 90 tal efecto sobre la Bolsa: podía verificarse. Bajas más, bajas menos, más cortas, o más dilatadas: lo que es cierto de modo contundente, es que no iba a ser solamente la caída a pique de una rueda. (Y con dos siguientes recortando velozmente, camino perdido). Esto sirve para agregar más testimonio práctico, a aquello que otras veces ya apuntamos: una aceta moderna en las Bolsas (a partir del propio Dow Jones) que les marca un camino, de manera independiente a las naturales causas que los rodean (la economía y la política de los países).

Se ha hecho muy ostensible desde el ingreso a la última crisis, donde los mercados han emergido varios capítulos adelante, de la historia de una recuperación de las economías: que se produjo con cuentagotas. El Merval, buen discípulo para toda senda que lo haga rehuir los formatos clásicos (como las necesarias "correcciones purificadoras" de la tendencia) es un excelente "alumno", de las clases que deparó el "maestro" Dow.

Ha llegado ahora a la exquisitez de repuntar de inmediato, con semejante amenaza para el porvenir económico, con base en el puro juego: de un dólar contra otro dólar primero, y hablando con "optimismo" -volcado a volumen- de una supuesta propuesta que llevaría el país (eje de la cual resultaba el cambiar la sede para los pagos, inmediato rechazo del juez Griesa).

El lector sabe que desde esta columna, solamente basada en reglas ortodoxas de mercado, siempre sostuvimos que en los dos extremos de los títulos sólo hay dos fuerzas existentes: deudor -el emisor- y acreedor (que posee posición en tales papeles). Después si el acreedor es pariente de la Madre Teresa, o de Alfonso Capone, no debe importarle al que emitió deuda: para discriminar y repugnar los pagos. El invento de denominar "buitres", a lo que se plantan frente a una propuesta que nos les gusta, se ha instalado como una marca en todo el mundo.

Detrás de la misma se escudan (habrá que ver si lo harán, a partir de este episodio) deudores que rehuyen todo sacrificio y apuntan con el dedo índice a quiénes no hay que pagarles.

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