18 de octubre 2016 - 00:00

Cupones bursátiles

  Mujeres con poder - 2a parte - Por lo que fue su historia personal los enemigos de Liz Mohn también le tienen respeto y tampoco ocultan una cierta admiración por ella.

Es la presidenta de la Fundación Bertelsmann AG, quizás la mujer más influyente y poderosa del mundo mediático alemán y europeo, una posición que fue conquistando, con una paciencia inigualable, hasta el día en que su eterno amante y padre de sus tres hijos, el patriarca Reinhard Mohn, decidió convertirla en su esposa. A los 17 años y cuando ya trabajaba como telefonista en la sede central de Bertelsmann en Gütersloh, Liz Beckmann decidió concurrir a una fiesta de la empresa.

El destino quiso (casi como

en una película) que Reinhard Mohn, el hombre que triunfó levantando el imperio de las ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, se fijara en ella.

"A partir de ese día nada volvió a ser lo que era", confiesa Liz en su autobiografía, titulada "El amor abre los corazones". Ese día se convirtió en la amante de Reinhard Mohn y sólo logró cambiar su apellido de soltera 24 años después del primer encuentro.

En ese lapso alumbró tres hijos del millonario y se vio obligada a casarse con un empleado de la empresa para esconder la verdadera identidad del padre.

Es mejor tarde que nunca

La doble vida llegó a su fin en 1982, cuando Reinhard Mohn, después de enterrar a su madre, se divorció, llevó al altar a su eterna amante y le comenzó a explicar los misterios y milagros del imperio que da trabajo a más de 80.000 personas en todo el mundo.

Incluye revistas, el grupo de televisión RTL y casas editoriales tan famosas como Random House. "Yo era en esos años como una esponja: todo lo absorbía", cuenta Liz.

Cuando Reinhard Mohn murió en 2009, Bertelsmann se había convertido en una multinacional hecha a la medida de Liz Mohn: un inédito matriarcado alemán. Como presidenta de la fundación, controla el 76,9 por ciento de las acciones y como jefa de la familia Mohn dispone de otro 23,1 por ciento.

El ascenso de Ursula Plasser (la única que no se ha quedado viuda), una risueña austríaca que dirigió hasta los 25 años un jardín de infancia en Braunau, su pueblo natal, comenzó en las vacaciones de Navidad en 1982 en una carretera en los Alpes austriacos. Pero esa es otra historia. Mañana continuamos.

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