La Bourse -1a parte - Continuando con historias verídicas, que sucedieron y que tienen que ver con "las estafas bursátiles", no podemos dejar de mencionar una que sucedió no hace mucho.
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Ya casi no se oye hablar de esta historia aunque a su protagonista le quedan muchisimos años de carcel por cumplir, tantos que no le va a alcanzar la vida.
Fue en diciembre de hace ocho años, cuando la pirámide que construyó estalló por el aire y el mundo conoció la mayor estafa financiera de la historia del capitalismo, la realizada por Bernard Madoff y su esquema Ponzi que se llevó por delante más de u$s50.000 millones. Los detalles de cómo este señor procedió, es por todos conocido, cómo se valió de su conocimiento social para mentir y estafar aun a gente de su propia familia, amigos y allegados. Las consecuencias fueron incalculables: pérdidas irrecuperables, demandas, inmensos perjuicios económicos y terribles daños personales. Varios socios de Madoff, engañados y arruinados, así como su hijo mayor se suicidaron.
Y aquí dejamos a Madoff momentáneamente para reiterarles que las estafas comerciales en el ámbito de las inversiones no se inventaron por estos tiempos, los engaños grupales en los mercados de valores son "un fenómeno histórico" que nos llegan desde la antigüedad, que a veces nos pueden sorprender ya que de éstos no sólo es posible extraer tragedia, sino también cierta belleza.
Hay un ejemplo que se puede escuchar -leyó bien, escuchar- en La Bourse (El Mercado de Valores), una composición para violín y orquesta escrita por Georg Phillip Telemann, un músico del estilo Barroco alemán. Contemporáneo de Johan Sebastian Bach y padrino de uno de sus hijos, aunque Bach es ahora considerado el genio de la música por excelencia del siglo XVIII, Telemann fue en realidad, mucho más popular que él, durante su vida. ( Algo así como Mozart y Salieri, pero con mejor final).
Telemann, un genio indiscutible, ocasionalmente se entregó a su lado caprichoso llegando a componer una pieza para violonchelo sobre una extracción dental en el que las emociones del paciente durante ese trance se representan musicalmente. Con un cuarteto de cuerda (violín, viola, violonchelo y contrabajo), y la ayuda de un oboe, La Bourse es una joyita instrumental.
Usando la sección de cuerdas de forma inusual, describe las subas y bajas del precio de los valores, los "impasse" momentáneos del mercado lateral, las escaladas que parecen imparables y la interrupción súbita de las cotizaciones mediante hermosas cascadas musicales. Mañana continuamos.
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