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Cuttica: el artista en el lugar del místico
Eugenio Cuttica
"Mi propósito es explorar lo intangible", dice Cuttica a este diario. "El arte, o al menos lo que yo considero el verdadero arte, tiene la misión de hacer visible lo que no aparece a los ojos. La función del artista, en consecuencia, es revelar aquello que le es escamoteado a los sentidos, y que el artista, a través de su "antena", o "magnetismo", es capaz de ver y representar. Esa energía que posee el artista no le es propia, sino que lo traspasa, le es ajena. De modo que gracias a su intermedio el espectador puede ver, en la obra, aquello que las apariencias no dejan ver. El arte rompe la anestesia de una sociedad basada en el entretenimiento, la diversión, la insignificancia y las adicciones".
Cuttica fue asistente de Antonio Berni, y en los últimos treinta años expuso en galerías, museos y centros culturales del país. En el exterior, su obra se exhibió en Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Chile, Brasil y Colombia. Arquitecto, su formación ha seguido también el camino del budismo.
"No como una religión", aclara de inmediato "sino como una filosofía. Me he perfeccionado en budismo en la Universidad de Nueva York, y particularmente en el zen. De modo que, en mi práctica artística, tomo prestado del lenguaje de las filosofías orientales su lenguaje". De acuerdo con su concepción, el arte es una totalidad y su transmisión no se limita al contenido, o a la figuración. La dimensión de sus obras también entronca en su postura: esos cuadros de grandes dimensiones "son una experiencia física", señala. "Ese tamaño es tan comprometido para el artista como para el contemplador. Hay una relación física diferente que con la obra pequeña, no son trabajos ornamentales. Por eso mismo, me es muy grato trabajar con una curadora como Isabel Anchorena, que nunca ha objetado el tamaño de mis obras, cuando hoy es tan común que un galerista le pida a un artista cuadros 'más pequeños' para exponer. Yo jamás aceptaría algo así. Para mí es fundamental, también, la disposición de los cuadros dentro de la galería, lo que rodea a los cuadros, que no son algo encerrado en sí mismos sino que están en relación con el espacio. Siempre debe haber una coherencia en escala en el espacio mismo."
La "Frecuencia Infinita del No Tiempo" es uno de esos conceptos que Cuttica aplica en su obra. "Es difícil de sintetizar en pocas palabras", señala. "Pero tiene que ver con lo que hablábamos antes. La intangibilidad, el error de la percepción, y la función del artista para quitar el velo de las apariencias. Yo creo que hoy el artista, y sé que con lo que digo puedo entrar en un terreno resbaladizo, ocupa en la sociedad el lugar que antes cumplía el sacerdote, de cualquier culto. Y hoy más que nunca, desde el momento en que tantos sacerdotes están ocupados en asuntos como la política. De modo que el artista viene ocupando ese lugar, que es el lugar que los griegos llamaban el 'ethos' (de donde deriva la palabra 'ética'). El 'ethos', etimológicamente, significa 'pequeño lago'. Y refiere a un acuerdo mágico entre individuos que no puede ser quebrantado. Hay una historia que cuenta que un tigre vio beber en ese lago a unos ciervos y no los atacó, los dejó beber, proque aplicó la inteligencia, porque si los matara moriría también él ahogado. Es la leyenda contraria a la del alacrán, que pica con su veneno a la rana que lo ayuda a cruzar el río".


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