12 de octubre 2009 - 00:00

Dame la otra mano

• El triunfo agónico ante Perú le permite a la Selección tener la chance de clasificarse directamente al Mundial de Sudáfrica. El miércoles en Uruguay define su pase al Mundial de 2010.

Dame la otra mano
La resaca del triunfo duró varias horas después de pasada la medianoche del sábado en la intimidad del predio de Ezeiza. Había razones sobradas: volver al triunfo en la Eliminatoria después de tres partidos, desde aquel grito del «Cata» Díaz ante Colombia en River en junio pasado, descargar toda la bronca y la tensión en el agónico gol de Martín Palermo y, por encima de todo, llegar a Montevideo para la última jornada dependiendo de sí mismo, algo que parecía muy complicado. La ruleta de resultados le da a la Selección argentina la gran posibilidad de clasificarse directo a Sudáfrica 2010 si gana o hasta si empata, siempre y cuando Ecuador no supere a Chile versión Bielsa en Santiago.

El escenario es propicio e ideal; depender de sí mismo es algo que el ser humano persigue casi embrionariamente, pero los tres puntos del sábado ante Perú no deben tapar la realidad: Argentina juega mal en muchos pasajes de los partidos y hasta llega a caer bajo el dominio, por ejemplo, de la peor selección peruana que se recuerde y jugando por los porotos. El lapso donde Argentina no es superior al rival ya se ha extendido mucho tiempo.

El sábado, labores como la de Di María, Jonás Gutiérrez, Sergio Romero (arquero de equipo grande: cuando le llegan, las saca), Higuaín a la hora de definir dentro del área y todo lo que transmitió Palermo con su ingreso son razones para aportarle a la ilusión de romper una racha que no puede dejarse de lado: Argentina perdió los últimos cuatro partidos que jugó de visitante en el camino hacia Sudáfrica y sólo marco un gol en la misma cantidad de encuentros. Entonces, ¿por qué mantener la ilusión de conseguir un buen resultado en Uruguay?

El orgullo está impregnado en la camiseta celeste y blanca, viene bordado junto al escudo. Ningún pensante con un mínimo de cultura futbolera podrá poner en duda la entrega de este grupo de jugadores, y en algún momento el fuego sagrado, la vergüenza deportiva saldrán a relucir. El partido del miércoles, como bien la describió Diego Simeone la visita al Centenario en las Eliminatorias para Francia 98 («Cuchillo entre los dientes»), en una situación mucho más holgada que la actual, es una final, pero que tiene una chance más en el repechaje, y ése no es un ítem para desestimar; que la obligación caiga sobre el equipo del «Maestro» Tabárez es un arma que debe favorecer a Argentina para jugar con una tranquilidad, que al menos en lo previo, hace mucho tiempo no tiene.

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