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Daniel Barenboim en su aspecto más íntimo
Tras su primera presentación al frente de la West-Eastern Divan, en su segundo concierto Daniel Barenboim reeditó el recuerdo de un inigualable trío todavía fresco en la memoria del público porteño.
Trío. La conexión establecida entre Barenboim padre e hijo y Soltani es admirable, igual que la calidad individual.
El recuerdo de este trío estaba fresco en la memoria del público porteño: en el final del festival del año pasado, Barenboim padre e hijo fueron los solistas, junto con Soltani, del triple concierto de Beethoven. La conexión establecida entre los tres es admirable, como lo es la calidad individual. En la obra con la que abrió el programa, el trío en Do mayor K. 548 de Mozart, la transparencia se destacó a la par de los juegos de dinámica y color entre las líneas del piano, el violín y el cello.
Michael Barenboim y Soltani abordaron a continuación cinco de los 24 dúos de Jörg Widmann (compositor alemán que esta noche actuará junto al trío en su faceta de clarinetista). Sutil en su despliegue de timbres y recursos, y más cercano a lo efectivo que a lo efectista, el lenguaje de Widmann tuvo en ambos intérpretes un vehículo inmejorable.
El trío en La menor Opus 50, "A la memoria de un gran artista", de Tchaikovsky, ocupó la segunda parte del programa. Por su amplitud expresiva, su variedad de desafíos y su concepto que en cierta medida excede lo camarístico, la pieza constituyó el núcleo del programa y el punto interpretativo más alto. Si en el primer movimiento la claridad del discurso pareció por momentos relegada por la transmisión de las ideas musicales, en la serie de variaciones que se suceden a lo largo del segundo hubo lugar para el lirismo y la expresión justa sin desbordes. Motivados por la respuesta del público, los intérpretes tocaron fuera de programa dos fragmentos del trío nº 1 de Mendelssohn, que más que añadidos resultaron otra instancia memorable.


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