30 de junio 2010 - 00:00

De Faría: “Rio ya no es más el centro de la cultura brasileña”

Arthur de Faría regresa a Buenos Aires, esta vez como integrante de la Sordomundo Imposible Orchestra.
Arthur de Faría regresa a Buenos Aires, esta vez como integrante de la Sordomundo Imposible Orchestra.
Arthur de Faría nació hace casi cuarenta años en Gravataí, en lo que podría considerarse el Gran Porto Alegre. Y se crió artísticamente entre la música mineira (sobre todo Milton Nascimento) y el rock más duro. Su posterior carrera lo mantuvo en un eclecticismo de muy difícil encasillamiento y hasta amplió su horizonte al periodismo y la enseñanza musicales. Ha recorrido estilos diversos y ha editado varios discos al frente del «Arthur de Faría e Seu Conjunto».

Conocedor profundo de la música argentina y visitante habitual de nuestro país, llegará esta vez para ser parte del festival «Rumbos. Músicas del sur» que reunirá, con entrada gratuita, a artistas de Brasil, la Argentina y Uruguay en el teatro 25 de Mayo entre el 1º y el 13 de julio, con el auspicio de la fundación Itaú Cultural -en simultáneo con el lanzamiento de un «box set» de 16 CDs que se distribuyen gratuitamente en instituciones culturales. Su presentación será, en este caso, el domingo 10, como parte de la Sordomundo Imposible Orchestra, un combo integrado por músicos brasileños, uruguayos y argentinos. Dialogamos con él poco antes de su viaje.

Periodista: ¿Cómo ubica su estilo en el contexto de la música de Brasil?

Arthur De Faría: Es música del sur de Brasil, de mi ciudad Porto Alegre. Y hablo de una ciudad que es muy brasileña y, al mismo tiempo, un tanto argentina y un tanto uruguaya. Al menos, a nosotros nos gusta pensar así. Yo pertenezco a una generación de músicos que floreció después de la dictadura militar, en una época de decadencia de lo que aquí llamamos la MPB (en los años 80) y de ascenso del rock nacional. Para muchos es la generación que se desarrolló luego de la aparición de genios que confluyeron en San Pablo, como Arrigo Barnabé, Rumo (el primer grupo de Ná Ozzetti), Itamar Assumpçao, Cida Moreira, Premeditando o Breque, Tetê Espíndola, poco después Os Mulheres Negras (de Maurício Pereira).

P.: Considerando que usted es compositor, cantante, instrumentista, director, arreglador, periodista, ¿cuál es su lugar en ese marco que refería?

A.D.F.: Soy básicamente un compositor. Pienso como compositor cuando toco, cuando escribo arreglos, cuando dirijo un grupo, cuando canto. Y me pasa aún cuando no se trata de música de mi autoría. El periodista vino después, cuando me di cuenta, todavía en mi adolescencia, que para hacer la música que quería hacer sería mejor tener otra profesión paralela, porque ésta difícilmente me daría dinero suficiente. Lástima que, a última hora, entre el periodismo y la bioquímica elegí el periodismo que, como sabe bien, es sinónimo de poca plata.

P.: ¿Cuántos Brasiles musicales hay? ¿Es posible determinarlo?

A.D.F.: No, es muy difícil, porque la música brasileña siempre fue una música de fusión, al contrario de la Argentina donde, hasta hace poco, el rock era rock, el folklore era folklore, el tango era tango. A mediados de los 60, se crea en Brasil el concepto de MPB («música popular brasileira») que excluye muchas cosas pero que es básicamente inclusivo: una música que es todas las músicas. Por cierto, es posible separar los diferentes Brasiles culturalmente. Hay un Brasil del sur que va de Río Grande do Sul a San Pablo, más cosmopolita, bastante distante de los clichés de exportación de lo que es «el Brasil». Hay otro país amazónico, desconocido aún para los mismos brasileños. Este Brasil central ha sido una gran sorpresa en los últimos años, con mucho movimiento cultural y especialmente musical. Hay un nordeste, con su exuberancia cultural que mata de envidia a todas las otras regiones. Y están los campeones del marketing, Río de Janeiro y Bahía, que hacen como si Brasil fueran sólo ellos. Eso resulta irritante y, en el caso de Río, a veces patético, porque hace rato que perdieron el papel protagónico en la cultura brasileña, aunque jamás lo van a admitir.

P.: En ese sentido, fuera de su país se conoce lo que pasa comercialmente por el eje San Pablo-Río, sobre todo lo referente al samba y la bossa nova. ¿Cuánto de injusto hay en eso?

A.D.F.: Un paralelo posible es pensar en el Cuchi Leguizamón. Casi ningún brasileño lo escuchó nombrar. Todo el mundo que conoce música sólo sabe de Piazzolla, Mercedes Sosa y Gardel. Eso puedo transportarse a la música brasileña. Sobre su pregunta, voy a disentir diciendo que para mí el eje musical no es San Pablo-Río sino Río-Salvador. Justamente porque hay grandes creadores paulistas que no son conocidos en Buenos Aires como tampoco lo son en Salvador o en Río de Janeiro. Por caso, artistas geniales como Luiz Tatit, Mauricio Pereira o Ná Ozzetti son casi desconocidos. Y ni hablar de «gaúchos» como Vitor Ramil.

P.: ¿Qué nos estamos perdiendo mutuamente?

A.D.F.: Yo me he propuesto disminuir esa ignorancia mutua. Un festival como este «Rumbos» es un paso importante, igual que lo son «Porto Alegre en Buenos Aires» o «Expresso Porto Alegre». En Brasil no se conoce prácticamente nada de lo hecho en la Argentina de hoy. Spinetta. Charly y Fito son algo más conocidos, pero me atrevería a decir que fundamentalmente en Porto Alegre. Mi ciudad es un cierto oasis, un puente posible. Aquí ha actuado, siempre con mucho público, la fabulosa Liliana Herrero, por ejemplo. También les va muy bien a los muchachos de la orquesta Fernández Fierro. Pero yo tendría una lista de no menos de 30 artistas argentinos que podrían ser mucho más populares aquí. Por estos días está para salir en Brasil y en la Argentina un tributo a Os Mutantes, la mítica banda psicodélica de la que surgió Rita Lee. El álbum fue producido por mí junto a Manuel Onis y a mi viejo amigo el periodista argentino Humphrey Inzillo. Allí hay artistas de Uruguay, la Argentina, Colombia, España, México. Quizá, esto sirva para se hagan más conocidos en nuestros países artistas como La manzana cromática protoplasmática, Omar Giammarco, Liliana Herrero, el propio Manuel Onis y muchos otros.

P.: Siendo usted un músico de Porto Alegre, ¿cuánta relación tiene -musicalmente hablando- con Brasil y cuánta con la Argentina?

A.D.F.: Soy muy promiscuo. Adoro hacer música con nuevos compañeros, conocer gente nueva y talentosa. Eso no es muy común en mi estado. Los «gaúchos», en general, son más reservados. Tengo muchos camaradas musicales en San Pablo (además de mis colegas de Sordomundo, Caíto y Pereira, están Edson Natale, Benjamim Taubkin, etc.), en Recife (Siba, Alexandra Leao), en Belo Horizonte (Os Pato Fu, Érika Martins, Fernanda Takai), en Curitiba (Grupo Fato, el paulista André Abujamra); y del mismo modo los tengo en Buenos aires. Pero donde tengo hermanos de música y de alma es en San Pablo, en Recife y en Buenos Aires; además de Porto Alegre, claro.

P.: Usted es habitué de los escenarios de la Argentina. ¿Qué lo hace venir reiteradamente por acá?

A.D.F.: Todo porteño cree que vive en una de las ciudades más extraordinarias del mundo. Lo que pocos saben es que eso es verdad. Buenos Aires es casi un mar, como escribí en una canción -junto a Mauricio Pereira- en la que el protagonista pierde a su mujer entre las infinitas posibilidades porteñas. Y como si fuera poco, en Buenos Aires tengo muchos amigos

P.: ¿Qué es Orquesta Surdomundo?

A.D.F.: Es un viejo sueño mío, compartido por Villalba, que se llevó casi dos años de planificación antes de comenzar. Desde entonces, el mayor trabajo fue hacer coincidir las agendas de todos. Los ensayos se hicieron en marzo pasado en Buenos Aires. Y después de este concierto para el ciclo «Rumbos» volveremos a tocar en Porto Alegre y San Pablo. Los participantes somos Osvaldo Fattoruso, Martín Buscaglia, Mauricio Pereira, Caito Marcondes, Ignacio Varchausky, Martín Sued y yo. En el repertorio hay temas nuestros, composiciones grupales, y obras de genios de esta parte del mundo, como el uruguayo Eduardo Mateo o el paulista Adoniran Barbosa. Creo que debe de ser el primer grupo verdaderamente «mercosurista»; o al menos, no conozco otros.

P.: Justamente sobre eso, ¿qué opinión le merece el proyecto «Rumbos» y qué significación tiene, a su criterio, en el contexto de la música de Brasil y del resto de América Latina?

A.D.F.: Es una idea sensacional. Yo recién hablaba de Carlos Villalba, que es un tipo que tiene una profunda visión de lo que es la integración entre Brasil, Argentina y Uruguay. En esa misma dirección trabaja Edson Natale de San Pablo, de Itaú Cultural, que fue quien tuvo esta idea.

Entrevista de Ricardo Salton

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