4 de octubre 2016 - 23:43

De la grandeza del pasado a las incertezas del futuro

SE INAUGURÓ LA ÚLTIMA PARTE DE LA EXHIBICIÓN CON LA QUE EL CCK CONMEMORA EL BICENTENARIO - En medio de una desalentadora realidad en el país , se exhibe el último tramo de la megamuestra “200 años, pasado, presente y futuro”, variado compendio que induce a conjeturar que la invención, al menos en la Argentina, se manifiesta de modo individual más que grupal.

Tucumán. Con una serie de lámparas que reproducen su provincia, Carlota Beltrame representa el Bicentenario.
Tucumán. Con una serie de lámparas que reproducen su provincia, Carlota Beltrame representa el Bicentenario.
Justo cuando en la Argentina bajan los índices de rendimiento de la carne y el trigo -elementos generadores de riqueza por excelencia- y aumentan de modo alarmante los de pobreza, se inaugura el último tramo de la exhibición del CCK: "200 años. Pasado, presente y futuro". Nuestra realidad actual resulta tan desalentadora y la capacidad de invención (mayormente olvidada) tan asombrosa, que cuesta ubicarse en el tiempo para imaginar un futuro posible. Dedicada a conmemorar el Bicentenario, la megamuestra culmina con los temas Innovación y Futuro, a cargo del curador Rodrigo Alonso.

Las fotografías de Esteban Pastorino abren la exhibición. El paisaje del Obelisco y sus alrededores fue tomado desde un auto con una cámara panorámica de su invención y el obturador abierto durante 15 minutos. Junto a las imágenes, un certificado del Guinness (2012) aclara que Pastorino usó el negativo más extenso del mundo: 39,54 metros de película cinematográfica de 35mm. Y allí está la cámara capaz de cargar más de 300 metros de película. Creativo por naturaleza, Pastorino inició su carrera retratando a Buenos Aires con su cámara atada a un barrilete.

Unos pasos más adelante está el mayor testimonio de la arquitectura brutalista en América: la maqueta del Banco de Londres. La joya porteña ostenta la piel grisácea del hormigón al desnudo, la inconfundible marca del genial Clorindo Testa.

Entretanto, las fantasías de Xul Solar se suman a la imaginación inagotable de Gyula Kosice. La utópica "Ciudad Hidroespacial" responde a la expresa voluntad del artista: "El hombre no ha de terminar en la Tierra". Las bellísimas naves espaciales con sus luces azules surcan los cielos hacia un lugar donde "la angustia, el mal que padece el hombre" -como decía Kosice-, estará erradicada por siempre. Como contrapartida de este optimismo, el grupo Doma presenta su irónica visión de la teoría evolucionista: la instalación cinética "Involución primate", que traza un camino sin salida. No obstante, el "Zeppelin amarillo" y los encantadores dibujos del ilustrador de libros infantiles Cristian Turdera inspiran una sonrisa.

Alonso cita el Manifiesto invencionista de 1945, "Ni buscar ni encontrar: inventar". Y trae de este modo a la memoria la talentosa generación de artistas de ese período heroico.

En este mismo capítulo figuran algunas invenciones argentinas como las huellas dactilares (1891), el sistema de identificación ideado por Juan Vucetich; el primer documental médico del cine mundial (1899), una cirugía de Alejandro Posadas en el Hospital de Clínicas; el primer largometraje sonoro de dibujos animados (1917) de Quirino Cristiani; el helicóptero de Raúl Pescara (1919); la birome (1943) de Ladislao Biro; el Magiclick (1963) de Hugo Kogan; el sifón Drago (1965) de César Drago. El recorrido induce a conjeturar que la invención, al menos en la Argentina, se manifiesta de modo individual más que grupal. El segundo capítulo de la muestra está dedicado a las Derivas de la identidad. Un autorretrato de Flavia Da Rin ostenta los rasgos estereotipados de las niñas de ojos grandes de los dibujos Manga. La artista interviene digitalmente la imagen, acentúa la teatralidad y protagoniza un comic con su propio rostro. Pero su verdadera identidad es una incógnita.

Felipe Rivas San Martín agrega las etiquetas utilizadas en Facebook a las imágenes de unos aborígenes y una pintura iconográfica, el resultado es desconcertante. ¿Queda algo en el mundo sin etiquetar? Luego, Alejo Petrucci fuerza la luz sobre los rostros de sus retratados con un gesto de violencia tecnológica, hasta lograr la desaparición de los rasgos y, en consecuencia, de la identidad.

La sala de Carlota Beltrame, artista y docente tucumana, ofrece un respiro. Ella sola, con una serie de lámparas que reproducen el formato de su provincia, representa el Bicentenario. "Tucumán es la provincia más pequeña del país y, no obstante, es dueña de la energía que dio luz a la República y la transforma en territorio soberano", señala Alonso.

El área del Paisaje digital deja a la vista un mundo transparente y sin secretos. El uso de la tecnología genera un abanico de interrogantes, incluso, del orden moral.

El último capítulo se llama Construir y está dominado por una pila de libros de Marcela Sinclair en inestable equilibrio; el gigantesco tanque de combate amarillo de Doma, con su trompa juguetona de elefante y formato inflable y, entre otras obras, el "Sueño de fiebre" de Leonardo Damonte, un semicírculo de carretillas luminosas que recuerda el frenesí tecnológico de "Metrópolis". Finalmente, la proyección interactiva de Biopus atrapa al espectador más distante y lo incorpora en una danza; al igual que el inmenso "Abrazo" del tucumano Pablo Guiot, capaz de albergar multitudes con un gesto genuino de humanidad.

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