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De Mozart a Rheinberger, una fiesta de música de cámara
Formado por algunos de los más destacados músicos de nuestro país, el Ensamble Instrumental de Buenos Aires inició anoche, por tercer año consecutivo, su ciclo de tres conciertos en el templo Amijail.
Esta serie, que continuará los martes 12 de julio y 30 de agosto, incluye obras poco frecuentadas de autores como Mahler, Reinecke, Louise Farrenc, Rheinberger y Rota, junto a otras más conocidas de Mozart y Brahms. El Ensamble está conformado por Pablo Saraví (violín), Silvina Álvarez (viola), Myriam Santucci (cello), Oscar Carnero (contrabajo), Claudio Barile (flauta), Néstor Garrote (oboe), Mariano Rey (clarinete), Fernando Chiappero (corno), Gabriel La Rocca (fagot) y Fernando Pérez (piano). Dialogamos con algunos de sus integrantes acerca de este nuevo desafío.
Periodista: ¿Qué los llevó a crear este ciclo?
Fernando Chiappero: Siempre nos planteamos la idea de un ciclo de conciertos por año, circunscripto a determinada época. Tenemos el apoyo de la Ley de Mecenazgo, lo cual es esencial para poder tener la continuidad que pretendemos.
Pablo Saraví: La idea de tener un ciclo anual es una autoexigencia de preparar conciertos con obras distintas en cada fecha y en cada año, para ampliar el repertorio. No está por otra parte lejos de nuestra idea el hacer en algún momento una apertura con una orquesta de cámara, alguna ópera, y otro evento especial.
Gabriel La Rocca: Es un conjunto un poco único en la Argentina, porque abarca todas las combinaciones posibles de un ensamble instrumental.
P.: ¿Cómo se selecciona el repertorio?
P.S.: Tratamos de que siempre haya una obra con un grupo grande, como un octeto o noneto, en el mismo concierto otra para un grupo más chico, y en lo posible con diversidad de timbres. Buscamos que no haya monotonía.
Néstor Garrote: También tratamos de incluir a músicos de otros instrumentos, con formaciones que muchas veces nos dejan a nosotros mismos fuera del programa, pero que aportan al proyecto.
Claudio Barile: Hay que subrayar que el embrión del EIBA es el Quinteto Filarmónico, es decir de vientos pertenecientes a la Filarmónica de Buenos Aires. Luego, al incorporar cuerdas y piano, se pudo ampliar la posibilidad tímbrica y abordar un repertorio más variado.
F.C.: Muchas de estas obras no se escuchan hace mucho tiempo en Buenos Aires, porque un grupo no va a formarse especialmente para interpretarlas, y de hecho muchas son primeras audiciones en la Argentina, como los nonetos de Louise Farrenc y Nino Rota, o el de Josef Rheinberger, más allá de las cosas conocidas.
P.: ¿Cuál es al entender de ustedes la causa de que el público de este tipo de conciertos no sea tan masivo como otros?
P.S.: Hasta donde yo sé es algo que viene desde hace mucho tiempo, pero eso no tiene por qué amedrentar, y además pasa también con famosos ensambles internacionales.
N.G.: La idea no es darle al público sólo lo que quiere sino lo que nosotros pensamos que debemos tocar.
P.: ¿Cómo perciben la actitud de la nueva generación de músicos frente a la música de cámara?
P.S.: En estos últimos años vi un incremento en la cantidad de jóvenes interesados en el tema. Hay una nueva corriente de chicos con más ímpetu y más presencia en los conciertos, cosa que me alegra muchísimo y hace varios años que no sucedía.
Silvina Álvarez: Pienso que en los conservatorios debería fomentarse que los alumnos hagan música con otros desde el principio. Además, antes, desde que se empezaba a estudiar una obra hasta que se conseguía la grabación pasaba mucho tiempo de elaborarla, de hacerse una idea aunque fuera equivocada. Ahora es al revés.
N.G.: Hace un año y medio que el Colón creó la Academia Orquestal, un grupo muy selecto de 60 chicos que conviven con nosotros en el Teatro, en las orquestas Filarmónica o Estable. Ahora sentimos la presencia de los jóvenes de otra forma.
Entrevista de Margarita Pollini


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