14 de agosto 2009 - 00:00

Defensivo, el PJ se atrinchera tras Scioli 2011

Daniel Scioli
Daniel Scioli
No hubo nada de ingenuidad, ni una pizca mínima de improvisación; premeditados, el contenido, la oportunidad y el vocero se ensamblaron como piezas pulidas para repostular a Daniel Scioli como candidato a gobernador para 2011. Por el peronismo, claro.

«Scioli debe ser reelecto en 2011», dijo ayer Federico Scarabino. Nadie le preguntó, no fue un comentario al pasar ni una frase casual. El quilmeño, vice del Senado, ofició de portavoz de un PJ bonaerense que busca, con desesperación, vender futuro.

Cada parte del engranaje tuvo su lógica y busca un efecto. Reinstala a Scioli como ordenador en la provincia luego del 28-J, derrota que trituró su plan presidencial. Surgió luego de que Kirchner reedite su propia fantasía futurista para suceder a su esposa.

La voz la prestó el senador Scarabino, mano derecha de Alberto Balestrini, vicegobernador y jefe del PJ bonaerense, operador silencioso que se sentó a la mesa, luego del fracaso de junio, con Scioli, Balestrini y Alberto Pérez para diseñar un modelo de supervivencia.

Todo tiene su razón de ser. Que la proclama la pronuncie Scarabino significa el OK de Balestrini y, en esa línea, que el matancero sepulta sus propias aspiraciones. El vice ha sido una usina incandescente contra Scioli. «Fuego amigo», ironizaban cerca del gobernador.

El instante encastra dos factores. Por un lado, el regreso del plan Néstor 2011. En el PJ asimilan esa movida con picardía orillera: «Es mejor -dijo un peronista con medallas- que crea que puede ser porque si cree que no tiene chance va a destruir todo, como Menem en el 99».

Por el otro, quizá más relevante, es para que el peronismo «tenga un candidato» que pueda confrontar con Francisco de Narváez, lanzado desde 2007, pero sobre todo ofrezca un horizonte a la tropa y un dirigente del PJ, que sin destino podría derivar en una estampida de desertores.

Dos meses atrás no fue así. Con el supuesto -luego erróneo- de una victoria el 28-J, el peronismo de Buenos Aires entraba en la carrera por la hipotética sucesión de un Scioli que podría ilusionarse con mudarse a Olivos. El traspié quemó todos los planes. Hay, igual, algunas figuras en gateras. Sergio Massa conspira desde Tigre, Mario Ishii promete una cruzada contra los Saladinos del conurbano y Aníbal Fernández -o los que lo «ortiban»- desempolvó la utopía que en 2006 le incineró Scioli.

Todos fortuitos y precoces. Poca cosa, entiende el eje Scioli-Balestrini, para un candidato instalado como De Narváez, a quien, además, no descartan como potencial candidato de Julio Cobos en la provincia. Ese uno-dos, con Kirchner arriba, podría ser lapidario.

El contenido, por último, tuvo la crudeza de un mensaje desesperado. Sin ambigüedad, una afirmación simple y concreta: Scioli debe ser candidato a gobernador en 2011. «Es -filosofó Scarabino- quien tiene las mejores perspectivas electorales».

Las dimensión de las palabras del quilmeño, más dado al murmullo que a los micrófonos, deberá volver a medirse en las horas que vienen. Son un llamador, la primera piedra, la gota que debería, creen en La Plata, desatar una lluvia de voces a favor de la reelección de Scioli.

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