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Déficits discursivos del relato oficial
El propio Gobierno tomó nota de eso. De lo contrario, no hubiera nombrado a Julieta Catalina Herrera como nueva directora general de Discurso, quien viene trabajando en el oficialismo desde la campaña electoral.
Esto no es nuevo para los macristas. Durante la campaña electoral, el por entonces candidato de Cambiemos debió imponerle silencio total a su polémico asesor Jaime Durán Barba por su manifiesta incapacidad para evitar las "gaffes".
Ya en el Gobierno, la vicepresidenta Gabriela Michetti intentó explicar las actuales dificultades económicas con una fallida metáfora sobre túneles y luces en lo que se pareció más a un relato sobre la muerte que sobre la crisis económica.
Otro exponente notable de esos tropiezos es el ministro de Energía, Juan José Aranguren, que sorprendió en reuniones reservadas al hablar de una planilla de "Excel que cumplir"; realmente le habría venido muy bien prestar mayor atención a esas advertencias. También llamó la atención que hablara en el Congreso de sus errores, casi en clave de autoelogio, como indicador de un aprendizaje sobre la marcha en la función pública. Por último, Aranguren reconoció haberse olvidado de calcular el impacto de la violenta suba de tarifas sobre nada menos que el 25% del universo de los usuarios.
Pero los problemas vienen desde la cabeza. Mientras el país bullía por las insólitas facturas de gas que llegaban a hogares y empresas, Mauricio Macri instó a los argentinos a no estar en sus casas "en remera y en patas". Probablemente olvidó la foto que se sacó junto a su esposa mientras miraban la final Argentina-Chile o la confesión en el programa de Marcelo Tinelli, cuando revelaron que duermen con el aire acondicionado encendido incluso en invierno.
El consejo es bueno, pero el modo y el contexto sugieren una forma brusca de responsabilizar a las víctimas del sufrimiento económico propio.

