Envalentonados al grito de "hay que matarlos a todos", se adjudican el derecho a coejercer el monopolio de la violencia física legítima, cuya exclusividad es privativa del Estado, apartándose de la ley al ejercitar el acto de justicia por mano propia.
Desde su programa político un periodista afirmó: "Yo no creo que ninguno de los vecinos sean homicidas como los calificó Zaffaroni", sin contemplar en su comentario que ese "vecino" acababa de romper el contrato para vivir en sociedad.
Es preciso ser prudentes a la hora de emitir nuestros juicios. Si por unos segundos y a los fines de reflexionar críticamente sobre la situación social omitiésemos el audio de la escena, las mismas imágenes ¿no pueden acaso ser interpretadas tanto como linchamiento o como esa nueva modalidad de asaltar en grupo llamada "piraña"?
Esta situación debe interpelarnos porque lo cierto es que la aparición de estos hechos puede responder al hartazgo por falta de seguridad o a la falta de credibilidad en la Justicia. Sin embargo, nada justifica estos actos que exigen un sincero repudio y no merecen la formalidad políticamente correcta de muchos comunicadores que de inmediato deslizan la complaciente frase: "Los vecinos tienen razón".
La televisión está siempre atenta a capturar la dramaticidad de la noticia a fin de involucrar la mayor cantidad de espectadores posibles.
La espectacularización es inherente al medio, y la noticia elegida (en este caso, linchamiento) asume el rol de núcleo ordenador de la programación. "Nosotros sólo informamos", advierte la periodista de un noticiero, soslayando que su rol está encadenado a un dispositivo más amplio.
Ya sea por identificación, convicción, confirmación, entre muchas otras modalidades de interpelación, el medio busca concentrar la atención a la vez de dar inicio a la instalación de la noticia bajo el mecanismo de repetición. Se trata del mismo hecho, pero se ha multiplicado promoviendo un cambio en la percepción del televidente.
A la repetición de las imágenes de manera continua coadyuva la incrustación de los comentarios y los juicios vertidos por comunicadores, expertos, victimas, familiares, profesionales, que amplían el campo de acción de la noticia. El hecho noticiable encuentra su núcleo de producción y reproducción mediática. La noticia se transfigura y en su construcción asume el carácter de problemática social y política.
"Los vecinos lo hacen porque hay un Estado ausente", dispara el oportunista político y cierra el círculo confirmando su complicidad con esa maquinaria eficaz y multiplicadora, para sembrar la renovadora idea de vacío institucional y reducir con su afirmación la presencia del Estado a una mayor presencia policial.
Los linchamientos que se sucedieron en estos días no pueden ser manipulados con ningún otro fin que no sea el de reflexionar respecto del tratamiento que merecen las acciones provocadas por parte de nuestra sociedad. Se trata de hechos que encierran una profunda gravedad. Hechos que están al margen de la ley y revelan lo mucho que nos falta transitar en el camino del humanismo, exigiéndonos un acto de contrición.
| Gustavo J. Nahmías Dr. en Ciencias Sociales-UBA |
Subsecretario DD.HH. Provincia de Buenos Aires


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