- ámbito
- Edición Impresa
Del "pájaro canta hasta morir" a "matar dos pájaros de un tiro"

Es común la tentación pendular de proteger a la industria, cerrando las importaciones, o proteger al consumidor, abriendo el mercado.
No es común en cambio ver el lado B que también compone a la industria textil. En la misma ciudad de Buenos Aires el fraude marcario está a la orden del día, lo mismo que el trabajo a destajo. Todo a metros de un Congreso teorético que no actualiza marcos normativos que son la delicia de la informalidad, como las maniobras que permite la ley de "trabajo a domicilio".
Hay soluciones presentadas cuya ejecución probablemente le tenga miedo a las mafias esclavistas de los talleres clandestinos.
Por ejemplo, la creación en la ciudad de Buenos Aires de una "zona franca textil", en predios que todavía están relegados, en el sur, a la vera del Riachuelo, donde el régimen permita la importación textil sin impuestos para su fabricación, y habilite también su comercialización en el mercado interno.
Un enclave de esta naturaleza habilitaría la normalización y trazabilidad del trabajo, daría condiciones dignas y salubres a quienes hoy, en Buenos Aires, trabajan "en jaulas" según su productividad. Premiaría las inversiones genuinas; permitiría conservar el empleo y potenciarlo; desgravaría en función del agregado de valor en diseño, por ejemplo, y terminaría con la marginalidad obviada por el legislador.
Habrá que vencer la hipocresía de quien verá esclavismo en la maquila y emprendedorismo en las máquinas de coser de un conventillo.


Dejá tu comentario