20 de octubre 2015 - 00:16

Derrames: el PJ ataja a Aníbal y el macrismo se cuelga de Vidal

• LA UCR Y LA MALDICIÓN, AUTOIMPUESTA, DE LA BOLETA SÁBANA.
• EL EFECTO CONTAGIO EN LOS MUNICIPIOS Y FACTOR ARRASTRE.

Daniel Scioli ayer con Maurice Closs y Gerardo Werthein, en la firma de un compromiso con el deporte.
Daniel Scioli ayer con Maurice Closs y Gerardo Werthein, en la firma de un compromiso con el deporte.
 Cuando en 1983 la dictadura se resignó a la salida democrática inyectaron una última dosis de malicia: fijaron un régimen electoral de boletas separadas. En el cuarto oscuro, el votante tuvo tres papeletas de cada partido: una blanca de dos tramos pegados con candidato a presidente, "lista" de electores al Colegio Electoral, y diputados; otra -color amarillo- con gobernador y legisladores locales; y una tercera, celeste, con intendente y concejales.

Aquel sistema inducía al corte y los comandantes lo impulsaron como recurso para, convencidos del triunfo PJ, evitar un monocolor peronista. Con boletas sueltas, Alejandro Armendáriz sacó lo mismo que Raúl Alfonsín -2,8 millones de sufragios- pero Herminio Iglesias tuvo más de 200 mil votos menos que Ítalo Lúder. Los que "cortaron" a Herminio no fueron a la UCR fueron a la bolsa de los "blancos" que tuvo 140 en renglón presidencial y 340 mil en gobernador.

La UCR, ya Gobierno, instauró la boleta sábana que aún rige, y hoy es la maldición de Cambiemos -esa sociedad en tránsito que integra el radicalismo- que entiende que sin simultaneidad y sin tira larga, María Eugenia Vidal estaría en camino irreversible a la gobernación bonaerense. La dama del PRO luce encima de Aníbal Fernández en la mayoría de los sondeos que la miden mano a mano con el jefe de Gabinete cuando se cotejan derrames y tracciones, el quilmeño se recupera.

El fenómeno, mirado desde los territorios, es antagónico: los candidatos locales del peronismo K tienen que sostener a Fernández mientras los postulantes de PRO y la UCR se cuelgan de Vidal que, por méritos propios o beneficiada por la comparación, es más taquillera que el propio Macri. El porteño, de hecho, satura en estos días con una campaña telefónica donde habla más de Vidal que de sí mismo y avisa que en la provincia no hay balotaje. "El momento es ahora", sobreactúa con énfasis.

La leve pendiente de Macri opera, a nivel local, como un castigo. El PRO apostó a un repunte de algunos puntos del candidato presidencial para terminar de soldar sus chances de victoria en distritos como Tres de Febrero y Morón, o incrementar sus chances en otros como Lanús y La Plata.

Bibliotecas

El peronismo, trepado a la tarima de partido invencible -al menos en ejecutivas-, se mueve sobre el supuesto de que Aníbal, aun entre tropiezos, será gobernador. Las encuestas pronostican un nivel de corte de entre 3 y 4 puntos, por lo cual si Scioli supera la barrera de los 40 en PBA, el quilmeño tendría el camino allanado.

El macrismo sigue otros pálpitos y otras numerologías. Con Macri en 30 puntos en la provincia, lo que implicaría retener y crecer lo que juntó Cambiemos el 9-A, Vidal necesita de 6 puntos de corte para quedar mano a mano con Fernández. El PRO le reza al imaginario del "voto doble": es decir, un votante de Scioli que corta a Aníbal para poner a Vidal, que vale por dos porque le resta uno a Fernández y le suma uno a la vicejefa de Gobierno porteño.

Dos bibliotecas para mirar la elección que recurren a antecedentes convenientes. El PRO recupera el dato de que Francisco de Narváez obtuvo 15 puntos en 2007 sin llevar candidato a gobernador y repitió un festival de tijeretazos, en 2011, al obtener 5 puntos más que Ricardo Alfonsín, su oferta presidencial. "Aníbal sacó 21 puntos en agosto: para llegar a 36 tiene que crecer un 70%" teoriza, calculadora en mano, un operador del PRO.

Los intendentes del PJ, muchos agotados por numerosas reelecciones y vaivenes, asumen que Aníbal es un factor complicado pero proyectan, a la vez, que el corte del tramo del medio (el de gobernador es el cuatro de siete, empezando por la izquierda) es muy difícil. Un alcalde de la Primera lo interpreta con pesimismo: entiende que puede derramar el corte negativo hacia abajo.

En el búnker sciolista difunden mediciones locales que muestran a Scioli en alza y, sobre todo, sostienen que no tienen detectado que el eventual "no-voto" al jefe de Gabinete de Cristina de Kirchner pueda castigar a Scioli.

En los campamentos de Vidal y de Scioli reportan un mismo fenómeno que, claro, los favorece: un votante cruzado que va a Sergio Massa y a Vidal, algo que beneficia a la candidata de Cambiemos -esperó un envión, que nunca llegó, más potente de Macri- y de manera indirecta le saca volumen al porteño, principal antagonista de Scioli.

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