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Desafío pyme: ser o no ser una empresa responsable
El sector pyme es uno los motores de la economía y un terreno fértil, aunque poco explorado, para realizar prácticas de RSE. Los especialistas consultados por Ámbito Biz coinciden en que muchos empresarios tienen la visión estereotipada de que estos modelos de gestión son sólo para las grandes empresas porque demandan costos elevados. Pero, contrario a lo pensado, es lo inverso.

"La ventaja de las pymes es la capacidad de adaptabilidad que tienen: si el dueño compra una idea, baja de manera muy rápida y dinámica a toda la organización. Y muchas pymes son empresas familiares en donde estas acciones en la práctica tienen que ver con el estilo de vida de la propia compañía", explica Fernando Passarelli, de AMIA; y esta reflexión resume lo que sucede con una pyme de Bariloche, en Río Negro, y una mediana empresa en el partido bonaerense de San Martín.
Desde hace 22 años funciona en Bariloche el Centro de Copiado, una pequeña empresa que comenzó como una fotocopiadora de planos y luego se diversificó hacia todo tipo de impresiones, imprenta, diseño gráfico y ploteos, entre otras. Con la crisis de 2000, su dueño, Leonardo Marcasciano, puso atención en lo que sucedía a su comunidad y comenzó a instrumentar políticas ambientales y de acción social.
"En 2000 empezamos a tener ciertas preocupaciones, puntualmente en la ciudad, con las cosas que venían sucediendo", apunta. Y consciente de que si no se involucraba podía ver perjudicada su actividad, asistió en actividades junto con emprendedores; y entre éstas, en una iniciativa gubernamental que promovía la inserción laboral de jóvenes. De esa forma, conoció a Marisa, una chica que ingresó a la empresa hace siete años, sin experiencia y casi sin tener relación con otras personas más que con su familia. "Era como muda", describe el barilochense a Biz, y orgulloso, comenta que ella terminó sus estudios secundarios y ahora sigue en la universidad. "Ahí nos dimos cuenta de cómo la sinergia de la empresa puede hacer un aporte absolutamente concreto", explica.
Pero no fue la única interacción con la comunidad; en su defensa por el medio ambiente, desarrolló una campaña publicitaria junto con la Asociación de Recicladores de Bariloche, en donde se concientizaba sobre la separación de residuos. Y hoy continúa con ayudas a instituciones educativas. "Descubrí la simbiosis que genera laburar en estas cosas en relación con la comunidad, que se puede hacer muchísimo desde la empresa pequeña, grande o mediana, porque no hay relación con el tamaño de la compañía", evalúa.
Además, en cuanto al funcionamiento de su comercio, por norma utilizan papeles con certificación FSC (provenientes de bosques sustentables) y de bolsas oxibiodegradables. Mediante su actitud propositiva, Marcasciano incluso logró que uno de sus proveedores acepte los contenedores de cartuchos y tintas y que éstos puedan volver a utilizarse en lugar de descartarlos. "Generalmente, la gran empresa adopta una política ambiental relacionada con la responsabilidad social y la baja. En este caso, fue a la inversa, lo impulsamos desde abajo y dijimos 'no queremos tirar esto a un basural'", dice.
En ese sentido, agrega: "Muchas veces está bueno esto de 'meterle el dedo en la yaga' a la gran empresa, decirle 'yo te sigo comprando', pero ésta podría ser una condición, y si eso lo vamos sumando en las miles de pymes que hay en la Argentina, imaginate todo lo que podemos impulsar de abajo", finaliza.
El caso de Félix A. Medoro SA, una firma con 76 años que fabrica sobres de papel y otros materiales de oficina, fue diferente del anterior, pero similar en muchos puntos. Esta mediana empresa venía llevando a cabo prácticas aisladas de RSE, pero sin institucionalizarlas como una política de la compañía.
Un ejemplo de ello es la utilización del papel certificado FSC. "Hace años usamos este tipo de papel, primero lo hicimos porque comenzó a haber clientes que lo pidieron, pero nosotros sabemos que estamos en un rubro muy criticado, por eso también usamos otro proveedor que utiliza papel obtenido de la fibra de caña de azúcar", comparte Federico Tenconi, responsable del área de RSE de la empresa.
Además del papel, esta empresa entendía que su rol en la sociedad estaba más allá de generar empleo y encontraba esa expresión en donaciones que se realizaban hacia organizaciones barriales y voluntariado corporativo.
Pero en materia de prácticas laborales desarrollaron iniciativas no habituales en pymes, un programa de educación secundaria y coaching para sus empleados. Estas charlas las realizan con personal de planta y de depósito. "La recepción es impecable, buscamos que sean coordinadores de sector, porque queremos formarlos en liderazgos", explica. "Medoro está trabajando mucho con el tema del coaching, porque lo consideramos un modo de vida. Para nosotros es la base toda la relación", razona. En cuanto a la ayuda para terminar el secundario, funciona como "una escuelita rural" en un aula dentro de la fábrica en donde a un grupo se le explica geografía y a otro historia.
Sobre la finalidad de estas políticas sustentables en la empresa, Tenconi sentencia: "Entendimos que RSE es una nueva forma de hacer negocios; todos tienen que estar involucrados". Y aunque reconoce que pude existir temor de otras empresas a acercarse a estas prácticas, aconseja "comenzar a capacitarse y empezar a entender que esto es verdadero y no filantropía aislada".
Tanto en Bariloche como en San Martín coinciden en que falta mayor presencia del Estado en relación con la sustentabilidad y las pymes. "La clave de la época es poder lograr esa articulación entre la sociedad civil, las empresas y el Estado", cierra Marcasciano, desde Río Negro.


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