Desafortunado “thriller” de Arturo Pérez Reverte

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Arturo Pérez-Reverte "El francotirador paciente" (Bs.As., Alfaguara, 2014, 302 págs.)

Si muchas de las novelas del español Pérez-Reverte, por ser novelas de acción y aventuras, por tener héroes arquetípicos y pasearse por escenarios históricos, son atractivas para los lectores adolescentes, "El francotirador paciente" es una novela corta (que debería haber sido más corta aún) directamente para adolescentes. Los editores dicen que es "un thriller", en realidad es un desmañado homenaje a "El corazón de la tinieblas" de Joseph Conrad, una poco creíble historia de amor que podría llamarse "Lita", y una falsa investigación acerca del grafiti como arte urbano y una lección moral para avivar a adolescentes inexpertos. Veamos. Un editor de libros de arte, relacionado con el negocio de los coleccionistas, contrata a Alejandra Varela, experta en arte urbano de 34 años, conocida como Lex, para lograr que Sniper, un reputado grafitero impulsor de pintarrajeadas callejeras al borde de la ilegalidad, se vuelva libro, museo y famoso objeto comercial. Lex se ve acicateada por la muerte de un adolescente que cae cuando hace una pintada de altura de su firma: Holden (¡nada menos que el nombre del protagonista de "El guardián entre el centeno" de Salinger!) y que será una muerte que (obviamente) clamará venganza.

A partir de allí comienza la investigación de Lex, que de no ser porque tiene mucho de investigación periodística de revista de fin de semana se parecería a la que el marinero Marlow realiza en busca del esclavista Kurtz, en la novela de Conrad, que fue el "Apocalipsis now" de Coppola. Lex, que narra en primera persona la historia, se da a conocer de manera tonta como lesbiana en la segunda página del libro, pero eso le sirve al autor para el truco final que como en un cuento tradicional da conclusión a la surtida peripecia. Incentivada por el emolumento prometido, y por secretas razones del corazón que no serán dichas. Esa serie de entrevistas en busca del ínclito Sniper permite que el lector aprenda acerca de los grafiteros, pero no de los que hacen murales sino de los que hacen tags, ponen su firma, los de la secta de los ensuciadores de paredes. Para Pérez-Reverte, en el colmo del ridículo, son como terroristas urbanos, como subversivos que viven en la clandestinidad; acaso esto se deba a que quiso hacer entrar sus historias de guerra en la pacífica modernidad líquida urbana posindustrial, algo absolutamente grotesco, resulta como el rap de un miembro de la Real Academia. Finalmente, luego de andar por Madrid, Lisboa, Verona y Nápoles, Lex encuentra al buscado grafitero que firma con una mira telescópica de francotirador, y si Kurt en el Congo es idolatrado por sus esclavos a los que quisiera exterminar como bestias, Sniper es un vándalo antisistema, un nihilista que busca "convertir un arte para estúpidos en un arte donde serlo no salga gratis", que le entrega a su seguidores a un riesgo de vida para que sientan un poco de adrenalina, y pontifica que "un bombardeo continuo de imágenes destinadas a manipular al espectador ha borrado las fronteras entre lo real y lo falso. Lo mío devuelve con su tragedia el sentido de lo real". Y por él han muerto embadurnando paredes una serie de jovencitos y jovencitas vestidos de negro, con chupines, y aerosoles de pintura creyendo que hacían algo poir la Humanidad. Moraleja: los jóvenes idiotas siguen a ideólogos que los llevan a la muerte por no ponerse a pensar un poquito en lo que hacen, cuando en muchos casos ellos sólo quieren llegar a las Academia de las Artes. Mejor dejar pasar de largo este Pérez-Reverte, y volver, en todo caso, a "La Reina del Sur".

M.S.

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