6 de enero 2017 - 00:00

Desaire de la comunidad de inteligencia

 Washington - Altos funcionarios de la inteligencia de Estados Unidos reafirmaron ayer que no tienen dudas de que Rusia llevó a cabo ciberataques, dentro de una estrategia mucho más amplia, para tratar de interferir en las elecciones de noviembre en el país, enfrentando el escepticismo del presidente electo y presunto beneficiario indirecto de esas acciones, Donald Trump.

Los jefes de varios de los principales servicios de inteligencia de Estados Unidos comparecieron en una audiencia en el Comité de Servicios Armados del Senado para abordar esos ciberataques atribuidos a Rusia y cuyo objetivo fue, según las investigaciones realizadas, ayudar a Trump a ganar las elecciones del 8 de noviembre.

El director de la Inteligencia Nacional (DNI), James Clapper, subrayó que tienen claro "con mayor firmeza" que en octubre, cuando divulgaron sus primeras conclusiones, que Rusia quiso interferir en las elecciones no sólo con ciberataques, sino con una estrategia "multifacética" que incluyó también propaganda, desinformación y noticias falsas.

Esa estrategia de espionaje ruso continúa, según Clapper, quien dijo no haber visto ningún otro intento "más agresivo" o directo de interferir en un proceso electoral.

El jefe de la DNI no entró a valorar si la injerencia rusa influyó en el resultado de las elecciones, pero calificó lo ocurrido de algo de "enorme gravedad".

Clapper, el subsecretario de Defensa para Inteligencia, Marcel Lettre, y el director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), Mike Rogers, entregaron una declaración conjunta al comité en la que afirman que Rusia es un "actor cibernético" que representa una "amenaza importante" para el Gobierno y la infraestructura militar, diplomática y comercial de Estados Unidos. "Evaluamos que solo funcionarios del más alto rango en Rusia pudieron haber autorizado los recientes robos y revelaciones centrados en la elección", aseguraron.

Durante la audiencia, el senador y excandidato presidencial republicano John McCain comentó que todos los estadounidenses deberían estar "alarmados" por esas acciones, que tildó de "ataque sin precedentes a la democracia". Tanto él como el también republicano Lindsey Graham expusieron la necesidad de castigar a Rusia, país al que el Gobierno del presidente saliente, Barack Obama, impuso la semana pasada sanciones diplomáticas y económicas.

Rusia negó su implicación y Trump puso en duda las conclusiones de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Además, el presidente electo dio ayer la impresión de posicionarse del lado del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, quien dijo que Rusia no es la fuente de los documentos robados que ese portal divulgó durante la campaña electoral.

WikiLeaks publicó correos electrónicos de John Podesta, jefe de campaña de la excandidata demócrata Hillary Clinton, así como del Comité Nacional Demócrata (DNC, secretariado del partido).

"Julian Assange dijo que 'un niño de 14 años podría haber hackeado a Podesta'. ¿Por qué el DNC fue tan poco cuidadoso? ¡También dijo que los rusos no le dieron a él la información!", tuiteó Trump. No obstante, el magnate negó ayer, también en Twitter, estar de acuerdo con la versión de Assange sobre los ciberataques atribuidos a Rusia y culpó a los medios de mentir al respecto.

"A los medios deshonestos les gusta decir que estoy de acuerdo con Julian Assange. Falso. Simplemente expongo lo que él expone", declaró Trump en un tuit al anotar que corresponde a los ciudadanos decidir sobre "la verdad".

Agencias EFE y DPA

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