29 de octubre 2012 - 00:00

Desde Minas Gerais, con orquesta sobresaliente

Orquesta Filarmónica de Minas Gerais. Director: Fabio Mechetti. Solista: Antonio Meneses, cello. Obras de A. C. Gomes, A. Dvorak y P. I. Chaikovsky. (Mozarteum Argentino, Teatro Colón).

Una de las sorpresas más gratas del año la constituyó el debut local de la Orquesta Filarmónica de Minas Gerais, que bajo la batuta de Fabio Mechetti y con la participación de un solista de lujo, el cellista Antonio Meneses, cerró la temporada del Mozarteum Argentino en el Colón, con dos conciertos este fin de semana. Fundado en 2008, este organismo es un auténtico milagro en el que se combinan la precisión y disciplina de las mejores orquestas europeas con la expresividad y el fuego de los músicos latinoamericanos.

Los músicos hicieron su ingreso en la sala con una seriedad llamativa, aunque comprensible por tratarse no sólo del primer concierto de la gira internacional sino de su primera presentación fuera de Brasil, y en un ámbito tan intimidatorio con el Colón. Pero pronto esa seriedad fue dando paso a un entusiasmo digno de una orquesta juvenil volcado en el marco de la eficacia de un ensamble de consumados profesionales.

Desde la arrebatadora versión de la obertura de «Il Guarany», la ópera del brasileño Antonio Carlos Gomes, hasta la «Sinfonía en fa menor» número 4 de Chaikovsky no hubo una sola nota que careciera de intención musical, ni a la que el fabuloso Mechetti (quien dirigió de memoria todo el programa) no pareciera haber dado su impronta. Como una aplanadora sinfónica dotada al mismo tiempo de un rango dinámico inusitado, la Filarmónica de Minas Gerais asombró por la uniforme suntuosidad de su cuerda, la expresividad precisa de sus maderas y la flexibilidad de sus metales.

El legendario Meneses se sumó para interpretar magistralmente el «Concierto en si menor» de Antonin Dvorak. En comunión con la orquesta, el cellista desplegó un sonido generoso potenciado por una soltura técnica y una inteligencia musical que no necesitan de exagerados movimientos de cabeza o cuerpo para ser los traductores del mensaje del autor. El bis elegido por Meneses, la «Sarabande» de la primera suite de Johann Sebastian Bach, no pudo haber tenido una mayor sutileza.

Por su parte, los «encores» de la Filarmónica estuvieron lejos de las concesiones al gusto, comenzando por el rondó de las «Variaciones concertantes» de Alberto Ginastera y finalizando con el preludio de la «Bachiana brasileira» número 1 de Heitor Villa-Lobos. Fue el mejor final para el inolvidable 2012 del Mozarteum.

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