A media mañana, entreverada en los preparativos de la cumbre de Río+20, la Presidente recibió un informe sobre el impacto del bloqueo de refinerías y plantas. Se lo notificaron Julio De Vido y Sergio Berni, el secretario de Seguridad. Decidió anticipar su regreso.
El diagnóstico planteó «inconvenientes» en el transporte de pasajeros desde hoy -por faltante de combustible líquido- y complicaciones «inminentes» en localidades bonaerenses donde el suministro es con gas licuado de petróleo (GLP) almacenado.
Antes del mediodía, Cristina se había comunicado -además de De Vido y Berni- con el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y el ministro de Interior, Florencio Randazzo, a quienes les pidió que exploren la vía judicial para presentar una demanda penal contra los Moyano.
Angelina Abbona, procuradora del Tesoro, fue encomendada para diseñar la estrategia legal. En paralelo, Carlos Tomada recibió la indicación para abrir un expediente administrativo contra el gremio: la primera medida es una multa por no acatar la conciliación obligatoria.
Anoche, la presidente habilitó la embestida judicial contra Hugo y Pablo Moyano: la firmó Randazzo y le imputa al jefe de la CGT y al adjunto del gremio de Camioneros los delitos de «amenazas» y «amenazas agravadas» además del «entorpecer» el funcionamiento del transporte (ver nota aparte).
El ministro radicará hoy la denuncia. Anoche, apenas notificado de la presentación, Moyano anticipó que convocará a un paro nacional de Camioneros con movilización a Plaza de Mayo. No estipuló fecha. A su vez, abogados moyanistas iniciaron una causa contra Berni.
En pocas horas, lo que arrancó con ropaje de demanda gremial adquirió su real entidad: Cristina y Moyano se declararon en guerra política.
«Hacete cargo: ponete al frente», le dijo, desde Brasil, Cristina de Kirchner a Gabriel Mariotto. Fue una disposición pragmática: el primer impacto del desabastecimiento de combustibles se registró, ayer, en ciudades bonaerenses con GLP almacenado.
Pero también una maniobra política. Mariotto se encerró en el edificio Centinela con Berni y De Vido, y al salir, además de ametrallar a Moyano, se acordó de la foto que diez días atrás se sacaron en La Ñata el jefe de la CGT y su hijo con Daniel Scioli.
Más tarde, De Vido tuvo ese deja vu recargado: deslizó una sospecha sobre la ausencia de Scioli en el país durante el paro. Y objetó que «no haya dicho nada» sobre la postura de Moyano. «Dijo algo -se corrigió a medias-, lo que dice siempre: que apoya a la Presidente y eso».
Randazzo, desde Rosario, alimentó idéntica presunción sobre Scioli antes de que el gobernador mande a su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, a ponerse a disposición para colaborar con las medidas dispuestas por la Casa Rosada.
Anoche, en el kirchnerismo, la lectura sobre esa coincidencia en el relato era lineal: fue Cristina quien dispuso que se incluya al gobernador en la ráfaga de críticas por el paro de Moyano.
Una devolución de gentilezas por los movimientos autónomos de Scioli.
El conflicto con Moyano produjo, en apenas un par de horas, una serie de movimientos en la galaxia K:


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