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“Despertar”: como un “Hair” del siglo XIX
«Despertar de primavera» toca temas fuertes y está muy bien actuada, si bien el libro se torna algo reiterativo a veces.
Escrita en 1891 y estrenada con gran escándalo en 1904, «Despertar de primavera», de Franz Wedekind, narra las vicisitudes de un grupo de estudiantes -en plena explosión hormonal- que son víctimas del puritanismo, la ignorancia y el orden represivo instaurado por sus mayores (padres, clérigos y maestros). Este mundo cruel -y negador de las fuerzas de la naturaleza- es evocado a través de una sucesión de estampas de época en las que prevalece un sombrío erotismo.
Otras piezas de Wedekind fueron inmortalizadas a través de una ópera («Lulú» de Alban Berg) y una película muda («La caja de Pandora» de Georg Pabst). Pero el musical «Despertar de primavera», con su equilibrado cóctel de sexo y rock and roll, apunta más modestamente a un público juvenil. Los temas musicales irrumpen en la acción para reflejar el mundo interno de estos conflictuados púberes de Fin de Siglo que a través de canciones expresan su rabia y su dolor con un lenguaje muy actual.
Obviamente, hay mucha distancia entre aquella generación reprimida (y un poco masoquista) y la que hoy navega por Internet, teje redes sociales vía Facebook y ningunea cualquier principio de autoridad. Pero, el libro de Steven Sater se ocupa de vincularlas a través de dos afirmaciones básicas. Una es que el sexo siempre será percibido, socialmente, como un artero enemigo de la civilización. Y en segundo lugar, también se hace hincapié en los desastres que ocasiona la falta de información sexual y la negativa de los padres a enterarse de lo que sus hijos desean.
El espectáculo resulta algo extenso y reiterativo, pero al menos aborda sin tapujos varios temas de alto voltaje (incesto, pedofilia, homosexualidad, violencia sexual, maternidad adolescente, masturbación, aborto, etcétera) que aún en la actualidad siguen provocando pudor, rechazo y todo tipo de prejuicios.
Entre los cuadros musicales se destaca el ya antológico «Esta puta vida», a cargo del elenco masculino. Es la coreografía más compleja y arrasadora de la versión. La puesta de Ariel Del Mastro se destaca por su refinamiento estético. Otro de sus aciertos fue la sabia elección del elenco. Artistas muy jóvenes que con su apasionada entrega, talento y profesionalidad compensan ampliamente los desniveles de la pieza.
No es un espectáculo para adictos a la televisión, ni para chicos menores de 14 años. El tándem padres-hijos adolescentes parece ser su público ideal.


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