21 de septiembre 2011 - 00:00

Despliegue de Rousseff en Nueva York. ¿Nace el dilmismo internacional?

Barack Obama y su par brasileña, Dilma Rousseff, se encontraron ayer en un plenario sobre Gobierno Abierto que se llevó a cabo en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York.
Barack Obama y su par brasileña, Dilma Rousseff, se encontraron ayer en un plenario sobre Gobierno Abierto que se llevó a cabo en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York.
Una Dilma Rousseff triunfante, con los brazos en alto, es la tapa de la última edición de Newsweek. Como si no bastara con el título, «Where women are winning» (Donde ganan las mujeres), la nota central se inicia con un «Dont mess with Dilma» (No se metan con Dilma). Buscada o mera casualidad (como alegan en la asesoría de prensa de la presidenta brasileña), la influyente revista norteamericana da en la tecla: Dilma aparece colocada en el podio de poder global.

Ese poder es lo que por estas horas está demostrando Dilma en Nueva York. La brasileña es hoy la primera expositora en la 66ª Asamblea General de Naciones Unidas (ONU). También, como no se cansaron de señalar los medios brasileños, la primera mujer «do mundo» en inaugurar una Asamblea General. Aunque Brasil, por haber sido el primero en ingresar a la ONU, es desde 1945 el país que abre los discursos, Dilma no se lo ha tomado a la ligera. Está en Nueva York desde el domingo y con una agenda articulada para mostrar ese emponderamiento destacado por la prensa vernácula y estadounidense.

Baste repasar las bilaterales de la brasileña para constatar que juega en las ligas mayores. Barack Obama (EE.UU.) y Felipe Calderón (México) el martes. Nicolás Sarkozy (Francia), Sebastián Piñera (Chile), Ollanta Humala (Perú), Juan Manuel Santos (Colombia) y David Cameron (Reino Unido), hoy. Muy lejos de la flaca agenda que eligió Cristina de Kirchner para sus 35 horas en Nueva York: una bilateral -concedida a regañadientes- con Piñera y otra con el presidente de Haití, Michel Martelly.

En cuanto a Dilma, como si sus siete bilaterales no la saciasen, el lunes intervino en dos foros «temáticos» de la ONU. En el Encuentro sobre Enfermedades Crónicas no Transmisibles, Dilma abogó por eximir de regalías de patentes a los medicamentos para diabetes, hipertensión y cáncer (como ya se hizo para los del sida).

Pero seguramente haya extrañado a su vecina Cristina en el Foro sobre Participación Política de Mujeres, planeado y dirigido por Michelle Bachelet, secretaria de la ONU para la mujer desde que dejó la presidencia de Chile. Foto de «faldas pesadas» la del lunes: además de la chilena y la brasileña, a la derecha de ésta estaban la canciller de la Unión Europea, Catherine Ashton, y Hillary Clinton, secretaria de Estado del Gobierno de Obama. Nostalgias, seguramente, para la argentina ausente, que en septiembre de 2007 (y como hoy, a un mes de las presidenciales de ese 28 de octubre), llenó las páginas de la norteamericana Time con una entrevista en la que se la comparaba con Evita Perón y con la entonces candidata presidencial Hillary.

La agenda neoyorquina de Dilma tiene otros capítulos. Como el académico: el Woodrow Wilson International Center la distinguió ayer con el premio a los Servicios Públicos. O el cultural: en sus primeros dos días en la Gran Manzana eligió visitar el MoMa y el Metropolitan Museum of Art. Tampoco pudo resistirse al shopping. Aunque fiel a su estilo de intelectual que «está de vuelta», se pasó media tarde en la librería Rizzoli de la 67 y 5ta. Avenida. También tiene Dilma su acápite estratégico-nuclear: la reunión de alto nivel que le toca hoy es sobre seguridad nuclear. Habrá que ver si Brasil pone sobre la mesa sus dudas actuales por la apertura de la central de Angra dos Reis y de seguir adelante con las proyectadas para la región nordeste.

Pero quizás lo más central sea el contenido de su discurso inaugural de hoy a la mañana. Como es ya tradición, ante la ONU Brasil pedirá por el fin del embargo estadounidense a Cuba y porque el Consejo de Seguridad de ese organismo sea ampliado hacia países en desarrollo (como, justamente, Brasil). También se sabe que Rousseff se referirá a la crítica situación económico-financiera global y defenderá políticas de desarrollo sustentable. (Además de destacar que el 95% de los u$s 350.000 millones en reservas que tiene Brasil están en bonos del Tesoro norteamericano, lo que convierte a nuestra vecina en un «player» de peso para las finanzas de Washington).

El cuarto tema -ya anunciado por la cancillería de Itamaraty- es el apoyo a la postulación de Palestina para ingresar como el estado Nº 194 a Naciones Unidas. Si bien Brasil fue el país que a fines de 2010 lideró (seguido inmediatamente por la Argentina) en Latinoamérica el reconocimiento del Estado Palestino en sus fronteras previas a 1967, antes de embarcarse hacia Nueva York, la presidenta Rousseff se reunió con el embajador palestino Ibrahim Alzebren.

Si Dilma pone demasiado énfasis en apoyar el ingreso de Palestina a la ONU (bien como estado miembro, o como estado observador -la propuesta de «medio camino que ya tendría más de 130 votos-) seguiría dentro del esquema contradictorio (si no tautológico) de los últimos lineamientos de política exterior brasileña, instalados durante la gestión de Lula. Esto es, la «diplomacia preventiva para soluciones pacíficas»: con ese objetivo en mente, Brasil no se ahorró papelones en su peligrosa intervención durante el conflicto nuclear con Irán y Lula hizo sapo cuando quiso mediar entre Palestina e Israel. A tanto llega la contradicción, que aunque Dilma prometió en campaña electoral defender los Derechos Humanos a nivel internacional, hasta hoy Brasil no condenó la represión de los gobiernos en la Primavera Árabe, ni los asesinatos cometidos durante el régimen de Muamar el Gadafi, ni dio apoyo a los rebeldes libios. Y aún no se pronunció contra los desmanes en Siria.

Mientras se aguardan las palabras de Dilma, también en Brasil se espera la llegada de la revista Newsweek, que la consagra en tapa. Su distribución está demorada por una huelga de correos. Gajes del oficio. O del poder, que todo no lo abarca.

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