Pero podría decirse tranquilamente que el desendeudamiento forma parte del ADN kirchnerista. Se acumulan pasivos de manera informal, como son los juicios de jubilados que se multiplican, las demandas de Repsol por la expropiación en YPF y otros canales paralelos al de un lanzamiento clásico de un título de deuda en los mercados.
El pensamiento oficial al respecto, dicho en reiteradas oportunidades por Cristina de Kirchner, es que teniendo reservas en el BCRA que rinden un 2% anual en dólares o menos, no resulta conveniente endeudarse a tasas superiores. Pero al mismo tiempo, pareciera que el Gobierno no quiere someterse a los exámenes del mercado, dadas las altas tasas que debería convalidar para lograr financiamiento. Hoy puntualmente el acceso al crédito está cerrado. No es un tema de voluntad. Los papeles domésticos rinden más del 16% en dólares, fruto de la incertidumbre que genera el embate judicial de los acreedores que no ingresaron a los canjes de la deuda en 2005 y 2010.
Pero antes de Griesa y de los fallos de la Cámara de Apelaciones del 2° Circuito de Nueva York, la situación no era muy diferente. La Argentina peleaba con Venezuela por ver qué país lideraba el ránking de riesgo entre los emergentes.
La realidad es que hay un cóctel de razones que explican el interrogante inicial: ¿Por qué la Argentina que dice que pagará siempre la deuda, y que viene reduciendo su stock de pasivos, cada vez tiene más riesgo?
En primer lugar, el hecho de haber efectuado un default en 2001 dejó su marca. El tiempo pasa, pero las cicatrices quedan. Luego está el hecho de que la Argentina nunca cerró el 100% de ese capítulo con los acreedores. Resta renegociar con países agrupados en el Club de París -cerca de u$s 8.000 millones- y con el 7% de los que se negaron a ingresar en los canjes de deuda del 2005 y 2010 (fondos buitre en su mayoría).
A estos factores se suma el accionar oficial que no contribuyó acercar inversores a los papeles argentinos. Por ejemplo, las declaraciones poco felices y versiones posteriores sobre pesificación de deudas espantaron a tenedores de papeles. El Boden 2012, a un mes de su vencimiento final en agosto pasado, tenía un rendimiento atractivo, un 18% anualizado, sólo por los temores existentes a su pago en la moneda estipulada, en dólares. Era ilógico que una pesificación sucediera, el Gobierno nunca la planeó, pero los inversores estaban atemorizados. Es un problema de comunicación y/o de credibilidad.
En paralelo, la expropiación de las acciones de Repsol en YPF sin compensación alguna a los españoles generó ruido con la sensación de que todo puede suceder. De nuevo, en el Gobierno se le da un status vital al pago de la deuda. Literalmente: ven en el Ejecutivo que la vida (política) se iría de la mano de un default. Por ello conviene saber que había plan alternativo si prosperaba la decisión de Thomas Griesa. Pagar en una plaza distinta a Nueva York, pero pagar al fin, los vencimientos de la deuda de este mes.
Curiosamente, la gestión que asuma en 2015 será la principal beneficiaria de esta política. Con pocas medidas (Club de París, acercamiento al FMI, nuevo INDEC, BCRA independiente) podrá hacer reducir 500 puntos básicos el riesgo- país. Porque el tamaño de la deuda importa, pero no es todo.
| @guillermolabord |



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