22 de noviembre 2013 - 00:14

Devaluación no frena pérdida de reservas del Central

Devaluación no frena pérdida de reservas del Central
Circulan variadas opiniones sobre la pérdida de reservas internacionales. Y el "retraso cambiario", el espejismo de que se pierden reservas porque no se devalúa lo necesario, es el argumento más repetido. El cuento del "retraso cambiario" concita la ilusoria fortaleza de todas las falacias. Según esa fábula, el peso y el dólar avanzan caprichosamente independientemente, por separado, sin ningún factor que los ligue ni condicione. Y el Gobierno podría devaluar sin alterar otras variables. El "retraso" sería entonces consecuencia de una dejadez, o falta de inteligencia, de los gobernantes. Pues cada exportador y cada industrial que compite con importaciones ganarían más con la devaluación del peso. ¿Nadie perdería? Ese cuento supone que los demás costos no aumentarían con la depreciación del peso. Pero quienes vivimos las devaluaciones del pasado sufrimos en carne propia las alzas de precios que arrastraron. Sabemos que a mayor valor del dólar, la carne, los fideos, el maíz, la nafta, los bienes importados, también subirían de precio. Y sin ninguna otra corrección, si nada más cambiase, los precios internos aumentarían hasta retomar la posición inicial respecto del dólar. Como el perro que persigue su cola, pero nunca llega a alcanzarla, la aceleración del ritmo devaluatorio no lograría cambios de precios relativos. Sólo se consiguió aumentar el valor adquisitivo interno del dólar con fuertes contracciones del empleo y el salario real.

Los análisis trillados fallan cuando no pueden explicar cuantificando las pérdidas de reservas observadas. Y porque no se focalizan en las relaciones contables. Las reservas integran el activo del BCRA, que las vende contra pesos que les sobran a los compradores, en forma neta. A cada contracción de reservas corresponde una absorción de pesos equivalente. Las reglas contables facilitan identificar las causas de las variaciones de las reservas. El activo total de la entidad no puede exceder a su capacidad crediticia total más su patrimonio. Cuando el crédito al Gobierno -rubro del activo- se expande por encima de la capacidad crediticia del BCRA, las reservas internacionales disminuyen en paralelo.

Esta visión gana fuerza con la precisión numérica. El cuadro expone las cifras más relevantes del balance del BCRA. En la segunda columna, las variaciones en los 10 meses y una semana transcurridos entre el 31/12/2012 y el 7/11/2013; en la tercera, las correspondientes al mismo período del año 2012. En la cuarta, los 12 meses entre el 7/11/2012 y el mismo día de 2013.

El exceso de financiamiento mide el monto de pesos que supera a la capacidad financiera del BCRA de otorgar crédito al Gobierno sin perder reservas internacionales. La capacidad financiera es la suma de las variaciones demandadas de la base monetaria, de los títulos emitidos por el BCRA (Lebac y Nobac) y el patrimonio neto de la entidad menos las ganancias patrimoniales de la devaluación. El lector puede sumar, para 2013, los aumentos de base monetaria 35.800 millones + títulos emitidos 22.700 + patrimonio neto 20.500 Ganancia de devaluación 44.400 = 34.600 millones. El crédito al Gobierno es la suma del aumento de la cuenta Títulos Públicos más Adelantos menos Depósitos del Gobierno en el BCRA; total, 106.000 millones. Si el crédito al Gobierno hubiese aumentado menos, casi 71.400 millones de pesos menos, éste se hubiese expandido en sólo 34.600 millones de pesos (en lugar de los 106.000 millones). En ese caso, las reservas internacionales en dólares no hubiesen variado. Esto es así por las leyes de la partida doble y la economía. El activo siempre iguala al pasivo más patrimonio neto, en toda circunstancia y lugar. Con ese límite de crédito, los operadores y agentes económicos no hubiesen dispuesto de pesos sobrantes para llevarse los 10.300 millones de dólares comprados al BCRA, en el lapso descripto de 2013. Las reservas se fueron porque la gente las adquirió con los pesos que le sobraban por exceso de emisión.

Compruébese: en el mismo lapso de 2012 se perdieron algo menos de 1.000 millones de dólares, esto es apenas un 10% de lo perdido en 2013. Y eso a pesar de que en 2012 se devaluó a un ritmo de la mitad (12%, contra 25%, en 2013, ritmos anualizados). A los partidarios de acelerar la devaluación les contestamos: en 2013 se devaluó el doble y se multiplicó por diez la caída de las reservas. La razón no es el "retraso cambiario", sino que en 2012 el exceso de financiamiento al Gobierno fue algo menos de un sexto de la cifra de 2013. Por supuesto, las cifras presentadas sólo registran los movimientos principales y las operaciones menores no están incluidas.

No puede apagarse un incendio arrojando combustible a las llamas. Ni frenar la salida de dólares emitiendo dinero por encima de la demanda (absorción). Sin emisión de pesos superior a la necesaria para adquirir la base monetaria y los títulos demandados, los operadores carecerían de medios para comprar dólares al BCRA. Y el BCRA no hubiese perdido reservas.

Al aplicarse esta regla y comprobarse que el ente rector no pierde divisas, las expectativas generales mejorarían. El peso, la inversión y la producción internas se fortalecerían. Para cumplir la norma enunciada, el Gobierno debiera encontrar financiamiento fuera del BCRA. Hay varias opciones para eso. Mejorar las cuentas fiscales puede ser doloroso, pero sería necesario en algún momento y beneficioso para el desarrollo del país. En el corto plazo, créditos externos y u otras fuentes internas complementarían el programa.

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