1 de octubre 2010 - 00:00

Diagnósticos y premoniciones de un ecuatoriano en La Boca

Carlos Zannini llega, anoche, a la Cancillería, en la previa de la reunión convocada de urgencia por la Unasur para repudiar el golpe en Ecuador.
Carlos Zannini llega, anoche, a la Cancillería, en la previa de la reunión convocada de urgencia por la Unasur para repudiar el golpe en Ecuador.
Fue una premonición fatal. Un diagnóstico que, horas antes, en charla de sobremesa, distendida y analítica, parecía nada más que política ficción; hipótesis sobre riesgos lejanos. Sin embargo, como un mal presagio, un rato después, se convirtió en una realidad palpable y terrible.

Lo hizo, la noche del miércoles, Raúl Patiño, un legislador ecuatoriano de paso por Buenos Aires, en un análisis global de la situación de los gobiernos «populares» de Suramérica entre los que incluyó, por ser el mapa que más conoce, a su país, Ecuador.

Patiño llegó a Buenos Aires como miembro del Parlamento Andino, donde tiene la presidencia de la estratégica Comisión Política y de Relaciones Exteriores. Lo hizo como parte de una cumbre del Parlatino, con una agenda oficial que incluyó un encuentro con Julio Cobos.

Pero la noche previa, el ecuatoriano participó, invitado, de un acto de agrupaciones K en el teatro Verdi de La Boca donde, luego de defender el Gobierno de Rafael Correa, entre referencias a la «revolución» y al «socialismo», emitió un diagnóstico delicado.

«Nuestros gobiernos -generalizó- debemos preocuparnos más por la formación política. Ésa es la clave para que los proyectos populares se sostengan en el tiempo. Si no, corremos riesgos de que algún imprevisto frustre esos cambios. Y la oposición, cuando pueda, va a tratar de arrasar todo».

Con el paso de las horas, luego del levantamiento policial en Ecuador, el análisis del parlamentario adquirió una temible actualidad. Correa, acosado por un golpe de Estado, puso a prueba la capacidad política de su partido para defender el Gobierno y la institucionalidad.

El dirigente abordó el caso ecuatoriano: relató que Correa tiene niveles de adhesión popular que ascienden al 70%, pero que, todavía, está en proceso de formación de cuadros políticos para defender el modelo y sostenerlo, además, en el tiempo. Lo hizo en un marco de elogios, al mostrarse sorprendido de la «efervescencia y la mística» que encontró en la peña K a la que fue invitado, que percibió como una señal positiva que, advirtió, dijo que no encuentra en todos los países de Latinoamérica.

El episodio que estalló, un rato después de esas palabras, en Ecuador, reveló la rigurosidad de su análisis: pasaron horas de conflicto en las calles antes de que columnas masivas defensoras de Correa reaccionen y trasmitan un mensaje de apoyo explícito al presidente.

Patiño es hermano de Rafael Patiño, el canciller de Correa, y una figura clave en la construcción del consenso para la designación de Néstor Kirchner al frente de la Unasur. El presidente ecuatoriano fue, de hecho, quien propuso oficialmente al patagónico para el cargo. El canciller fue, ayer, quien llamó a los seguidores del presidente a movilizarse al hospital donde Correa estaba internado -y «secuestrado»- luego de haber sido agredido. La reacción tardó en producirse aunque, al final, se concretó.

Pablo Ibáñez

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