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Diálogos en Wall Street
Periodista: ¿Es una exageración señalar que se derrumba la estantería?
Gordon Gekko: Tambalea. De una manera, eso sí, que asusta.
P.: ¿Ésta es la capitulación tan mentada? ¿Los inversores están finalmente tirando la toalla? ¿O la especulación se salió de madre?
G.G.: En esta oportunidad es difícil culpar a la especulación adversa.
P.: Las autoridades de Tokio, dicen los medios japoneses, planean extender la prohibición de la venta de acciones en descubierto.
G.G.: Si están prohibidas, ¿cómo se las puede responsabilizar?
P.: Es que la veda no rige en otras plazas.
G.G.: ¿Quién en su sano juicio vende Citigroup de aire cuando quebró el umbral de un dólar? A esta altura, ¿cuánto hay para ganar y cuánto se puede perder por un error de cálculo?
P.: El blanco dejó de ser el Citi para ser el Bank of America.
G.G.: Da igual. Son valores extremos. Creo que a estos precios sucede todo lo contrario. La recompra de posiciones vendidas es un factor que, en el margen, debe estar alimentando la demanda de papeles. No creo que su monto se acreciente. Si es así como le digo, es una variable cuyo comportamiento actual quita presión.
P.: Una cosa es cierta. La estampida no es un espejismo. Existe. ¿Cómo se explica?
G.G.: No necesita apelar a conspiraciones. Son los tenedores genuinos los que buscan ponerse a salvo. Es pánico liso y llano. Venden. No les importa el precio, sino cortar la sensación de náusea.
P.: Es un dominó nefasto.
G.G.: Siempre fue así. Recuerde que el año pasado se corría contra los bancos de inversión.
P.: Y no quedó títere con cabeza. Ni un solo gran banco de inversión permaneció independiente.
G.G.: Goldman Sachs y Morgan Stanley consiguieron capear el temporal, convirtiéndose en bancos comerciales, poniéndose bajo el ala de la Fed y recibiendo una oportuna inyección de capitales públicos. Es interesante observar que la corrida, esta vez, no los embiste de lleno.
P.: La crisis trepó un escalón. Son los grandes bancos comerciales los que ahora están en la mira. Los jugadores principales. Después de las sucesivas compras y fusiones, tras haber digerido a Bear Stearns, Washington Mutual, Wachovia, Countrywide y Merrill Lynch, los cuatro grandes bancos controlan dos terceras partes de los activos totales del sistema.
G.G.: Según mis cálculos, el 68% de los activos que figuran en los balances. Y quizás una fracción mayor de los que permanecen afuera.
P.: ¿No son demasiado grandes para precipitarse?
G.G.: Las instituciones no van a caer. Es la suerte de los accionistas -y la de sus acreedores- la que está en danza. Ya lo conversamos. No hay una corrida de depósitos, sino una corrida contra el capital. En sentido amplio. Tenga siempre presente que el mercado no es infalible. Comprenda que es proclive a dar rienda suelta a sus manías. Pero, hecha la salvedad, el veredicto es claro como el agua. El valor del capital se pulveriza día a día.
P.: El mercado ubica a los condenados en fila. Citi, BofA, Wells Fargo y JPMorgan. Ya es un clásico que busque derribar al primero, sabiendo que va a desmoronarse sobre el segundo y así sucesivamente. ¿No puede evitarse?
G.G.: Ben Bernanke, el titular del banco central, ha dicho, una y otra vez, que si no se estabiliza el sistema financiero no será factible dominar la crisis. Usted no puede operar en las condiciones actuales. Eso está fuera de discusión. Suponiendo que el canje de acciones preferidas del Citi se realiza, que se lleva a cabo en su máxima dimensión, el capital de los cuatro grandes bancos, a valor de mercado, ayer era de 138 mil millones de dólares.
P.: Controlando una cartera de activos de más de 8 billones de dólares.
G.G.: Es un leverage simple de 59 veces el capital cuando azota la peor tormenta financiera desde los años 30. No es un fondeadero estable. A pesar de que el Gobierno tuvo éxito en conjurar el temor de los depositantes.
P.: El valor de mercado de la capitalización es muy bajo. Insuficiente. Pero el capital contable es abundante. El capital regulatorio, también. Los ratios de capital tier 1 son altos. Están muy por encima de los niveles que Basilea define como satisfactorios. ¿No es un error recostarse sobre los valores deprimidos de un mercado volátil en extremo, dislocado, que parece haber perdido la brújula? Sobre todo si las instituciones no padecen un estrangulamiento por falta de liquidez.
G.G.: Es un buen punto. Ya vimos esta dicotomía con las agencias hipotecarias patrocinadas por el Gobierno: Fannie Mae y Freddie Mac. No se pudo evitar intervenirlas. Y el exceso de capital regulatorio era pura espuma, se evaporó al poco tiempo.
P.: En la crisis de los años 80, y también a principios de los 90, la banca atravesó una situación comparable de solvencia dudosa. Pero continuó operando sobre la base de un patrimonio contable artificial que no se compadecía con la realidad valuada a precios de mercado. Fue el caso del Citibank. Cuando las cotizaciones se recompusieron quedó claro que se trató de un bache transitorio, pero se pudo sortear.
G.G.: Ese truco hoy no funciona. No es que no se haya intentado. No hay un prurito de transparencia. Es más, las inyecciones de capital fueron reales. Resultaron mucho más importantes que antaño. Y, sin embargo, no encandilaron a nadie. En este marco, lo decisivo, lo que moviliza las decisiones, es la cuestión empírica. La crisis financiera se agudiza. Sus profundos efectos adversos también son reales. En rigor, son demasiado tangibles como para ignorarlos.
P.: ¿Cómo piensa que continúa esta película?
G.G.: La política oficial entró en una vía muerta. El canje de acciones preferidas del Citi, que era la iniciativa más incisiva, tenía una lógica que, una semana después del anuncio, la realidad arrolló como una topadora. Y todavía está agendado que la asamblea de accionistas del banco lo trate el próximo 19 de marzo.
P.: Dos semanas son una eternidad.
G.G.: Geithner y Bernanke tendrán que desempolvar rápido una estrategia de reemplazo. No parece fácil. No se usó la bala de plata, pero se malgastó el primer disparo usando munición de fogueo. Mientras tanto, las autoridades seguirán pagando las facturas por los daños. El problema es que ello no apaga el incendio.


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