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Diálogos en Wall Street
G.G.: La potencia dice mucho -y que su impulso persista tras nueve semanas consecutivas de alza es mejor auspicio todavía-, pero no agota el tema.
P.: Son cifras más que holgadas para bautizar el ciclo como un nuevo mercado alcista («bull market»).
G.G.: Hubo rebotes más vibrantes todavía durante los años 30 y, sin embargo, lo que no existió fue una recuperación decente de la economía que lograra sostenerse.
P.: ¿No cree que ya haya pasado lo peor?
G.G.: Los mercados están mucho mejor. Por primera vez en mucho tiempo lo que gobierna es el miedo a quedarse afuera, a no tener exposición. Esto es, temor a que parta el tren de la recuperación definitiva y uno se quede a pie, varado en la estación.
P.: Hay que saltar ya a los vagones aunque la economía no haya tocado el piso. Se verá más tarde si se trata de un falso arranque o no.
G.G.: En general hay mucho cash ocioso en las carteras. El alza se registró sin un gran aumento de volumen. Por eso mismo, puede continuar tirando. Lo que veo importante es lo que trasunta el proceso de suba: la irrupción de una especulación estabilizadora, que le abre las puertas -de nuevo- a los mercados de riesgo. El que se quedó de a pie estará tentado en saltar a los furgones de cola. Los que hasta hace muy poco no tenían pasajeros.
P.: ¿Piensa que ya pasó lo peor también en el sector real de la economía?
G.G.: La economía de los EE.UU. se contrajo a un ritmo anualizado de un 6,2% en los seis meses a fin de marzo. Pienso que esa debacle no se repetirá. El Gobierno no va a tolerar otro Lehman. No detonará motu proprio una nueva explosión. Pero, de todos modos, la economía seguirá cayendo en este segundo trimestre.
P.: En forma más suave.
G.G.: Tal cual. Y tenga presente que no todos los signos de mejoría van a confirmarse. No es un proceso lineal. Mire, las ventas de automóviles. Sabemos que su nivel está muy por debajo de lo que cabe esperar en el largo plazo bajo cualquier escenario imaginable. Y en febrero tocaron piso.
P.: Más que piso, un sótano. Inferior a los registros de 1980.
G.G.: En marzo rebotaron un 8%. Y aun así podrían subir casi un 30% más y ni siquiera cubrir la resposición por desgaste del parque automotor existente. Sin embargo, en abril las ventas no se sostuvieron. Aflojaron un 5,5%. Terminaron más cerca del piso de febrero que del salto de marzo. El aumento del consumo privado -un 2,2% anualizado en el primer trimestre- es un fenómeno frágil que promete altibajos antes de consolidarse. Las condiciones del mercado de trabajo son muy duras. La recuperación que hoy parece estar a la vuelta de la esquina puede dilatarse más de lo pensado.
P.: Ben Bernanke hizo gala hoy (por ayer) de un optimismo moderado. Alentó la noción de que la economía puede retornar a una senda de crecimiento hacia fin de año siempre y cuando no se produzca una recaída en el sistema financiero. ¿Comparte la idea?
G.G.: Es muy razonable. Lo importante es evitar un nuevo shock adverso. Sean los bancos, sea Europa Central o del Este o cualquier otra novedad desagradable que pudiera surgir de imprevisto. Y, por último y no menos importante, hay que mantener apretado el botón de las políticas de apoyo. No importa cuánto aire de mejoría se respire. No hay que desconectar ninguna estrategia de estímulo. Habrá tiempo, más tarde. Hoy por hoy, hay que pisar a fondo. Si es así, estamos en una ruta que conduce, tarde o temprano, a la estabilización. Son muchas las variables deprimidas en modo exagerado -como las ventas de autos o los volúmenes de comercio internacional- que jugarán a favor.
P.: Si la economía crece, las presiones comenzarán a sentirse de nuevo por el lado del riesgo de alta inflación.
G.G.: Puede ser. Pero no hay que cambiar las prioridades hasta que la recuperación de la economía real tenga muchas millas de rodaje. Hay que estar seguro de que no perderá vuelo. Es demasiado arduo conseguir estabilizar la situación como para abortar la experiencia.
P.: ¿Teme que ocurra?
G.G.: La gran ventaja de Bernanke es que él conoce el paño de primera mano. El examinó a fondo la Gran Depresión y el estancamiento crónico de Japón, mucho antes de reemplazar a Greenspan al timón de la Fed. Puede cometer otros errores, pero no va a repetir esa equivocación.


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