1 de septiembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El especialista en mercados internacionales, personificado como el banquero Gordon Gek­ko, de la película «Wall Street», de Oliver Stone (que planea filmar la segunda parte con el actual crac bursátil), considera que se exagera la relevancia de China como locomotora de la recuperación y pone en el eje del debate las reacciones de los gobiernos sobre los planes de estímulo.

Periodista: ¿Cuán decisivo es el derrumbe de las Bolsas de Shanghai y Shenzhen? ¿Es un espejo donde mirarse? ¿Puede pensarse como un signo del futuro, como una premonición?

Gordon Gekko: China es una liga aparte. Con sus propias reglas y jugadores. No se olvide de que se trata de un coto cerrado; sin acceso para los no residentes. En rigor, los ADR chinos -los papeles que los extranjeros pueden comprar- cayeron con más suavidad. Normalmente, estos barquinazos -que ocurren con alguna frecuencia- proveen una buena excusa para tomar aire y repensar posiciones. Pero no recuerdo que hayan causado nunca efectos duraderos.

P.: China tomó la delantera. Fue la primera Bolsa en recuperarse.

G.G.: Correcto. Los mínimos de Shanghai datan de noviembre del año pasado y no de marzo, como ocurrió con sus colegas.

P.: ¿No será también el primer mercado en corregir?

G.G.: En la suba llegó más lejos que nadie. Y arribó muchísimo antes. No debería tomarlo por sorpresa.

P.: No es una baja ordinaria. Es un proceso prolongado de achiques sucesivos.

G.G.: Tiene razón. El repliegue consumió todo agosto.

P.: Y ya acumula un recorrido importante. De hecho, se dice que las Bolsas de China estrenaron, de nuevo, un mercado bajista. Shan-

ghai cayó un 23% desde sus máximos; franqueó pues la valla del 20% que separa a un mercado alcista del territorio del oso (el mercado «bear»).


G.G.: Yo no sería tan tremendo. Por empezar, no usaría la misma métrica que se emplea para clasificar los vaivenes del Dow Jones o del S&P 500. O de las principales Bolsas de Europa.

P.: ¿Por qué no?

G.G.: La volatilidad no guarda relación. Es muchísimo mayor. Es un mercado que siempre da zancadas más grandes. En ambas direcciones. China duplicó sus cotizaciones y ahora corrige un 23%. Subió como una exhalación, dio cinco pasos adelante y, ahora, es lógico que retroceda un casillero. No parece terrible.

P.: Tampoco parece haber concluido.

G.G.: Todo indica que no lo ha hecho.

P.: ¿No?

G.G.: Parece difícil zafar de un resbalón adicional de, digamos, otro 10%. Aun así, si usted compara los tres últimos meses, no hay grandes diferencias entre el comportamiento de la Bolsa de Shanghai y el S&P 500. Y si toma el último año, el S&P 500 todavía cotiza un 20% por debajo de su valor, mientras que China se ubica un 20% por encima. Después de todo, la recuperación de Occidente es una faena pendiente y trabajosa; la de China -si bien mordió el polvo en el cuarto trimestre de 2008- ya estaba instalada a pleno antes de culminar marzo.

P.: La Bolsa anticipa. Quizás ya está viendo nuevas dificultades en el horizonte. China avanzó más que nadie y por eso mismo puede detectar los problemas antes que los demás.

G.G.: Eso es cierto. Hay que comprender que el tema que quita el sueño ya no es si el estímulo va a funcionar o no para sacar a la economía del pozo de la recesión.

P.: Eso ya se logró.

G.G.: Correcto. El punto es que las autoridades están preocupadas por los alcances de su propio éxito.

P.: Amenazan con revertir el curso de las políticas de estímulo.

G.G.: Eso fue al principio. Hoy por hoy, el mensaje es que tratarán de moderar la expansión. Combatirán los excesos más evidentes. Pero no van a desconectar, ni mucho menos, los programas de aliento.

P.: La suba de las acciones fue contundente, pero la escenografía de fondo no deja de ser precaria. No sé si soporta un serio sacudón.

G.G.: El riesgo es que se desmorone la estantería. Costó mucho esfuerzo levantarla como para derribarla ahora de un puñetazo. Vamos, más bien, a un crecimiento del crédito bancario más atenuado y, probablemente, a mayores controles acerca de su aplicación efectiva.

P.: Con un ojo en evitar que se desvíe de los fines anunciados y recale en la compra de terrenos, inmuebles o carteras de acciones.

G.G.: Así se dice.

P.: El mundo depende de la salud de China para mitigar sus dolencias y para acortar los tiempos de su recuperación. ¿Si las autoridades le ponen freno al impulso oficial y ello afecta a la Bolsa de Shanghai, no debería derramar también sobre los demás mercados internacionales?

G.G.: China es un jugador importante, pero, con frecuencia, su relevancia se exagera. Su rol, eso sí, es muy significativo en los mercados de materias primas (gracias, en parte, a la poca elasticidad que muestra su oferta). Allí sí debería registrarse un impacto de envergadura si es que las autoridades chinas deciden ponerle paños fríos a la fiebre especulativa.

P.: El petróleo, hoy (por ayer), acusó recibo pleno de la noticia. Mientras el Dow Jones cayó un 0,5%, la baja del crudo se acercó al 4%...

G.G.: Los precios del barril, a lo largo de 2009, rompieron su habitual correlación con el nivel de inventarios (o con su variación). La suba de cotizaciones se proyectó a la par de una fuerte acumulación de stocks. China, la fortaleza de su demanda aparente (consumo final más inventarios), es la carta salvaje que marca el rumbo. Si se enfría, los precios perderán sustento, deberán tomar nota.