27 de octubre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El especialista en mercados mundiales personificado como el banquero Gordon Gekko, de la película «Wall Street», opina que la lista de bancos en liquidación en Estados Unidos, que ya suma más de 100 entidades, se ampliaría el año próximo. Desconfía, además, de la idea de que en el mundo se da a la «recuperación como un hecho consumado», dados los últimos datos desalentadores que muestran que, en Gran Bretaña, el tercer trimestre la actividad económica cayó un 0,4%.

Periodista: La lista de bancos en liquidación en EE.UU. cruzó el umbral de las cien entidades. Sólo en lo que va del año.

Gordon Gekko:
Cayeron siete este fin de semana. Y en 2009 ya suman 106. Desde que comenzó la crisis, en 2007, totalizan 134. Sin contar a Lehman Brothers.

P.: Y el final de la travesía no está cerca.

G.G.:
Para nada. La lista de bancos en problemas de la FDIC - la corporación que administra el seguro de los depósitos- excede las 400 firmas. Si entre 2009 y 2010 no superamos la cifra con holgura, dese por muy satisfecho.

P.: ¿Cuán confiado se puede estar en la reacción de la economía cuando los bancos caen como moscas?

G.G.:
En EE.UU. hay más de ocho mil. Y los que sucumben son muy pequeños como para torcer el rumbo macro.

P.: La idea de la recuperación económica en el bolsillo -como un hecho consumado, fuera de discusión- acaba de sufrir un serio traspié en Gran Bretaña. Se esperaba crecimiento en el tercer trimestre, y el informe oficial volcó un balde de agua fría. Contra todos los vaticinios, la actividad se redujo un 0,4% en las islas. La recesión se prolonga.

G.G.:
Así es. Ya es la más duradera desde 1955.

P.: ¿No ocurrirá lo mismo con los números de los EE.UU.? También reina una gran confianza en que las penurias quedaron atrás.

G.G.: No. El margen de error es mucho más abultado en los EE.UU. Bastó un desvío de seis décimas de punto para producir el descalabro en Inglaterra. Pero aquí el pronóstico de crecimiento supera el 3%. Aun si los inventarios distorsionan la cifra final, existe colchón para mantener un registro positivo.

P.: Quizás no cambie el signo de la estimación, pero puede rebanar ese optimismo contagioso que últimamente ocupa todo el ancho de la vereda.

G.G.:
Habrá que ver los números. Hay riesgos en ambos sentidos. Corea del Sur, por ejemplo, acaba de sorprender hacia arriba. Creció un 2,9% en el tercer trimestre y obligó a revisar la previsión para todo 2009. Ahora se espera un leve aumento con respecto al año pasado.

P.: Es curioso. La previsión para Gran Bretaña se mantiene. Se sigue sosteniendo que el crecimiento retornará antes de terminar el año.

G.G.:
No me parece descabellado. Los propios guarismos del tercer trimestre son preliminares. Pueden ser corregidos al alza y terminar confirmando las proyecciones originales. Después de todo, estos números no salen de un sorteo de la lotería. Hay otras fuentes de información disponible que permite aproximarlos. Por ejemplo, las encuestas de jefes de compra (PMI) -tanto en el área de servicios como en la industria- sugieren un repunte en marcha.

P.: Como sea, Gran Bretaña luce como el hombre enfermo de Europa.

G.G.:
No es el único.

P.: Pero a diferencia de otros, como España, Italia o Irlanda, Gran Bretaña no está amarrado a la fortaleza reciente del euro. La libra se cayó a plomo. Y, sin embargo, no le alcanza.

G.G.:
Gran Bretaña comparte con los demás los dolores de cabeza del trauma inmobiliario, pero lo que marca la gran diferencia es la City. El peso específico de las finanzas británicas no lo tiene nadie.

P.: Sólo comparado con Wall Street.

G.G.:
Tampoco. La City de Londres pesa más dentro de Gran Bretaña que Wall Street en EE.UU. Es dominante. Y es un factor que, si se resquebraja, complica sobremanera. No es fácil lograr una reconversión de la economía. Aunque la caída de la libra aceite el camino.

P.: Gran Bretaña no participa de la recuperación en ve corta que uno observa en otras partes.

G.G.:
Peor aún. Está en tela de juicio, según lo dicho, que forme parte de la tendencia generalizada de recuperación. Pero se sumará más adelante.

P.: Y, entonces, será un gran candidato a la doble ve. Quiero decir, a una rehabilitación lenta y traumática. Con riesgos de recaída.

G.G.:
Admito que yo tenía mejores expectativas. Pero no seamos tremendistas. La crisis le costó un 3,8% del producto bruto a los EE.UU., un 5,1% a la Europa del euro y un 5,9% a los británicos. Lo mismo que perdió Alemania. O Italia. Lo dramático sería no tener capacidad de reacción y estancarse cuando los demás se recompongan.

P.: ¿Qué hará el Banco de Inglaterra? ¿Preparará una nueva dosis de expansión de la cantidad de dinero? ¿Comprará más deuda pública?

G.G.:
Eso es lo que descuentan los mercados.

P.: A pesar de que su efectividad es dudosa.

G.G.:
Sirvió, y mucho, para atajar el derrumbe. Pero otra cosa es empujar con una cuerda.

P.: Perderle el ritmo a la economía mundial puede resultar un problema serio para Inglaterra.

G.G.:
Y para cualquiera.

P.: Por empezar, la expectativa de una economía en franca rehabilitación empuja los precios de las materias primas para todos. Los que crecen y los que no, todos, enfrentan costos de producción en alza.

G.G.:
Gran Bretaña tiene la ventaja de contar con el crudo del Mar del Norte. Y tiene tiempo. Todavía las políticas de liquidez de los bancos centrales permanecerán en su sitio. No mudarán de signo.

P.: Todo sugiere que Noruega -el país con el que Gran Bretaña comparte la explotación de la cuenca del Mar del Norte- subirá sus tasas esta misma semana. No mucho -un cuarto de punto, a un 1,5%-, pero es un puntapié de partida.

G.G.:
No mueve el amperímetro. Todavía el G-7 no está en condiciones de dar un paso adelante. Y eso es lo que de veras importa. La periferia va a mitigar los ímpetus de la recuperación. Su empeño evita los desbordes, suaviza la tendencia de fondo, pero no la inhibe. A diferencia de la Fed o del BCE, sus decisiones pueden ser restrictivas, pero no destruyen la liquidez internacional.

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