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Diálogos en Wall Street
Si Grecia ajusta, pero los mercados no le creen, la crisis continuará. El acuerdo europeo de apoyo no contempla proveer financiamiento alternativo hasta que la situación llegue a mayores. Para el especialista en finanzas internacio-nales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, de la película «Wall Street», allí se incuba un error que le podría costar muy caro no sólo a Grecia, sino también a toda Europa.
Gordon Gekko: Por varias razones, la emisión no fue muy afortunada.
P.: ¿La prisa por volver al ruedo los traicionó?
G.G.: Si hay apuro, es que hay necesidad. Si la operación no convence, si no revela una mejoría tajante, la urgencia por concretarla igual es un pasivo que sale a la luz; es reconocer que el tiempo aprieta. No se condice con los propios números de la brecha financiera que se barajan en la discusión.
P.: La tasa de corte no fue muy atractiva. El diferencial de tasas -334 puntos base- sobre los bonos de siete años del Tesoro alemán es muy abultado. Y la cobertura de la subasta -comparada con la última licitación de bonos de 10 años, que fue tres sobresuscripta- quizás haya sido el dato más desalentador.
G.G.: Y tiene que pensar que el exceso de oferta puede digitarse con relativa facilidad. Es obvio, por lo que sucedió después de la subasta de 10 años, que no había tanta gente dispuesta de verdad a incorporar deuda griega a sus portafolios. Me sorprende que las autoridades no hayan podido repetir su éxito. No lograron, esta vez, armar un decorado que, por lo menos a simple vista, devuelva el optimismo.
P.: En su opinión, el bajo interés por presentar ofertas tiene que ver con la Semana Santa.
G.G.: Hubieran dejado la colocación para la semana próxima. ¿Qué diferencia sustantiva se origina por demorar siete días la acreditación de los recursos?
P.: Quizás se perdería el efecto benéfico del «plan financiero» que le acordó la Unión Europea.
G.G.: Por lo visto, si se capturó, el impacto no resultó muy importante.
P.: Pero se destrabó la incertidumbre sobre el apoyo europeo. Pienso que se cerró la discusión sobre la intervención del FMI. En definitiva, se unificaron las posiciones.
G.G.: Quedó claro que el FMI participará. Lo aceptaron todos. A regañadientes, pero todos.
P.: Hasta el propio titular del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, quien en un principio perdió la compostura. Dijo primero que la solución era «muy mala» y sólo después, extrañamente, se manifestó complacido.
G.G.: La crisis es política. Los remedios que se ensayan también son políticos. Alemania se plantó. Irreductible. Y finalmente convenció a todos. A un Banco Central Europeo increíblemente verborrágico (en la voz de Trichet, Bini Smaghi, Starck), a la Comisión Europea (que se entregó sin levantar mucha resistencia), a Francia (ídem), a los países atribulados del Club Med y hasta al propio Papandreu, el primer ministro de Atenas.
P.: Se hizo lo que Alemania quiso.
G.G.: No falta quien compara a Merkel con la Dama de Hierro. No será una descripción muy ajustada a la realidad, pero tampoco la perjudicará en las próximas elecciones en Renania del Norte - Westfalia (a fines de mayo). Todo lo contrario.
P.: Los votantes alemanes no quieren poner un euro para rescatar a Grecia.
G.G.: No se engañe. Nadie quiere hacerlo. No es un tema popular, salvo que se tenga la soga al cuello.
P.: España ofreció una inyección generosa de recursos propios.
G.G.: Si uno piensa que es el próximo de la lista, lo que le conviene es asegurarse que Grecia resista, que sea el tapón de la crisis. Sin embargo, tampoco España realizará ningún desembolso. Nadie puso ni pondrá un euro todavía.
P.: De ahí que el impacto del acuerdo no sea muy contundente. Los préstamos bilaterales se gatillarán sólo si Grecia no logra tener acceso al mercado de capitales. Que el mercado le demande tasas altas no habilita su utilización.
G.G.: Y tenga presente que Alemania no cedió su poder de veto. No está claro hasta qué punto flexibilizó su postura. Sólo se sabrá cuando Grecia esté contra la pared. Es más, si España quisiera motu proprio auxiliar financieramente a Grecia, como lo sugirió la semana pasada, estaría violando la letra del pacto. La asistencia bilateral requiere la aprobación unánime de los países miembros de la eurozona.
P.: Grecia consiguió un fuerte apoyo moral, pero ningún aporte financiero concreto que le dé un respiro en el corto plazo.
G.G.: Y el apoyo moral, según lo que mostró la subasta, no cotiza tan alto.
P.: Una tasa del 6% a siete años es baja para un país que se teme pueda incurrir en default, pero para Grecia supone un aumento de tal magnitud que se fagocitará casi toda la mejoría fiscal de su esfuerzo de ajuste. Por eso Papandreu amenazó con ir directo al FMI y asegurarse un financiamiento a costos módicos y sin sobresaltos. ¿Por qué no habrá de insistir con la idea?
G.G.: Europa es un gran accionista del FMI. Me imagino que Alemania le habrá hecho entender que le bloquearía el uso oportunístico de esa alternativa.
P.: Se nota un alivio después del anuncio del acuerdo europeo por Grecia. Pero la llave de su futuro la tienen los mercados. Y con una economía que se hundirá más en la recesión, el paquete fiscal deberá remar contra la corriente y afrontar mayores pagos de intereses. No será sencillo recibir un trato muy considerado. ¿No es un riesgo someter a Grecia a un desgaste prolongado y habilitarle una línea de financiamiento recién cuando los mercados le ataquen la yugular?
G.G.: Si Grecia ajusta, y los mercados no creen, ¿para qué retacearle financiamiento? Es un error que los planes convencionales del FMI no cometen y que a Europa, no sólo a Grecia, puede costarle muy caro.

