18 de mayo 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Periodista: La idea de una recaída de la economía mundial en la recesión se coló otra vez por la ventana. Después de Grecia y sus tribulaciones, ganó predicamento. Es el temido escenario del «double dip». Se lo había desterrado de los cálculos pero resurgió como cortesía de la zozobra europea.

Gordon Gekko: Es la piedra con la que no había que tropezar.

P.: ¿Será posible esquivarla? ¿O ya es tarde para evitar los lamentos?

G.G.: Un tropezón no es caída. Pero habrá que extremar el celo en recuperar la estabilidad. Los daños en la economía real aún son nimios. En los hechos, todavía no se verifica ningún «double dip». Ni siquiera en Europa, fuera de Grecia.

P.: ¿En Portugal y España, no?

G.G.: No debería sorprendernos que ocurra, pero hasta ahora no hay pruebas tangibles. Las cifras del primer trimestre (y la crisis de la deuda muerde desde comienzos de febrero) resultaron mejores que lo que se esperaba. Lo que sí existe, y no sólo en Europa, es el temor a que la recaída igual se produzca. La recuperación es frágil y nadie puede asegurar que soportará indemne un cimbronazo muy fuerte.

P.: Es un temor que crece de prisa. ¿Cómo explicar, si no, la baja vertical del precio del petróleo crudo desde que se agravaron los estertores del Viejo Continente?

G.G.: Es así.

P.: Aunque la demanda europea hace años que no constituye un factor de dinamismo.

G.G.: El problema no es Europa en sí. Las consecuencias de la crisis europea se derramarán más allá de sus fronteras. Apagar el motor europeo no es buena noticia. Que marche en reversa, será peor. Y, en estas condiciones, que se atasquen los demás impulsores -las economías emergentes y la promisoria resurrección de los EE.UU.- es un riesgo por demás inoportuno.

P.: Las Bolsas ya tomaron nota. Cambiaron de partitura de manera abrupta. Ya no copian su letra de lo que dictan los indicadores de la economía de los EE.UU. Todos los ojos están concentrados ahora en detectar la próxima grieta que se abra en Europa.

G.G.: Son las reglas del juego. Hasta el mes pasado, las Bolsas europeas seguían el pulso de lo que acontecía en EE.UU. y dejaban de lado las vicisitudes de su patio trasero. Ya no más. Pero, aun así, es bueno saber que la economía estadounidense continúa arrojando cifras alentadoras.

P.: El informe manufacturero de la Fed de Nueva York (el índice Empire State) de hoy (por ayer) fue un balde de agua fría.

G.G.: En un baño termal. Pase revista a la tirada de indicadores de las últimas dos semanas y verá una fortaleza notable. En producción industrial, ventas minoristas, confianza del consumidor y de la industria de la construcción. Los inventarios de mercaderías registraron un nuevo ascenso, pero a un ritmo que no logra igualar el que trae la demanda, lo que apuntala el envión actual de la producción. Tenga en cuenta que la economía creó casi 600 mil puestos de trabajo en marzo y abril y lo que tiene ante sí es un cuadro sumamente robusto. No hay mucho que reprochar. Si hasta General Motors tiene la deferencia de registrar una ganancia trimestral.

P.: Lástima que las buenas noticias se empañen por la preocupación que despierta Europa.

G.G.: Nada se pierde. No está mal que decante una valuación más sensata. Que se tome nota de los riesgos y que no se desboquen las cotizaciones.

P.: ¿Piensa que ese cuadro robusto será capaz de lidiar con la amenaza de un nuevo enfriamiento mundial?

G.G.: El escenario más probable es que Europa -pero no todo el globo- resbale en el «double dip». El mundo cederá algún punto de crecimiento pero no tiene por qué enterrarse. Por supuesto, siempre y cuando la crisis no se desborde mucho más allá de sus límites actuales. Incendiar la banca (después de gastar una fortuna en ponerla a salvo) sería catastrófico. En ese sentido es muy importante comprobar que las tasas largas cayeron sustancialmente en los EE.UU.

P.: A pesar de todas las alusiones a una crisis internacional de las deudas soberanas.

G.G.: Es otro de los temores con los que habrá de convivir. El riesgo está latente, pero la realidad, hoy por hoy, anida en las antípodas. Cuando las Bolsas tomaban su sintonía del crescendo de la recuperación estadounidense, las tasas de los bonos del Tesoro a diez años sí subían. Así rozaron el 4% el 5 de abril. Gracias a la zozobra europea, bajaron más de medio punto. Hoy (por ayer) cerraron en el 3,47% y la economía está más firme. A diferencia de Europa, donde la situación se complica y las tasas largas trepan (salvo en Alemania), en EE.UU. las tasas largas proveen una inyección adicional de estímulo que no estaba en los planes.

P.: Ya llegará la factura proveniente de una menor demanda europea. No se entusiasme.

G.G.: Es verdad. Me queda claro que no hay nada que festejar. Pero lo cierto es que primero arribarán algunas llamativas notas de crédito. La merma en las tasas largas, un influjo inesperado de capitales espantados por la debacle del euro, la drástica reducción de los precios internacionales de la energía.

P.: En marzo, el último dato conocido, la entrada neta de capitales financieros a los EE.UU. superó todos los pronósticos.

G.G.: Por eso mismo le digo. Ingresaron 140 mil millones de dólares (más del doble de lo que se vaticinaba). Esto es, en un solo mes, el 30% de lo que entró en todo 2009. China, Japón, los países petroleros, todos volvieron a comprar activos de los EE.UU. con ahínco.