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Diálogos en Wall Street
La Fed decidió no innovar. Mantuvo las tasas cortas sin cambios y, tras los avatares de la crisis europea, alertó sobre condiciones financieras menos propicias. Para el especialista en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, la Fed no correrá riesgos innecesarios: no tocará las tasas en lo que resta del año. Y no tendrá ninguna urgencia en hacerlo tampoco cuando comience 2011. Llegado el caso, inclusive, si las condiciones financieras no mejoran, la Fed podría impulsar una nueva ronda de expansión cuantitativa.
Gordon Gekko: No hay razones para introducir cambios.
P.: Lo único que se modifica es el texto del comunicado. No me queda claro si la reunión es un ejercicio de política monetaria o, simplemente, de literatura.
G.G.: La comunicación importa. La Fed se hizo lugar, de manera sutil, para acusar el impacto de la crisis europea. Dejó caer un mensaje aggiornado que no conviene pasar por alto.
P.: Dijo que las condiciones financieras son menos favorables para el crecimiento económico. ¿Enciende una luz amarilla?
G.G.: A nadie le puede sorprender.
P.: Sin embargo, Thomas Hoenig, el presidente de la Fed de Kansas City, se preserva imperturbable. Votó una vez más en disidencia. Es tenaz como el Llanero Solitario.
G.G.: Y es más genuino -inclusive- que el original, quien, al menos, tenía la compañía de su amigo Toro.
P.: Hoenig votó todo el año en disidencia. ¿Qué significa?
G.G.: Según el comunicado oficial, Hoenig sólo pretende que la Fed adopte un lenguaje más hosco; quiere que no garantice de antemano que se mantendrán las tasas bajas por un período extendido.
P.: Sabemos que pide más que eso.
G.G.: En forma pública abogó por una suba de tasas que, antes de terminar setiembre, lleve las tasas cortas del 0,25% actual al 1%.
P.: Lo que no figura en el comunicado.
G.G.: Correcto. Ni figuró nunca.
P.: ¿Cómo se explica?
G.G.: Habrá mudado de parecer. Quizá sea una opinión intermitente.
P.: Como sea, es difícil que su postura encuentre compañía.
G.G.: La prueba está a la vista. No tuvo eco hasta el presente. Y si las condiciones financieras son menos propicias, si hay que acomodar las vicisitudes de la crisis europea, no será fácil convencer a nadie de meter manos en las tasas de corto plazo. No se ven motivos valederos.
P.: ¿No se repetirá la historia de 2003-2004? El error que se le imputa a Alan Greenspan de haber dejado las tasas en un piso por demasiado tiempo, sembrando así las bases de la crisis actual.
G.G.: No estoy convencido, dicho sea de paso, de que aquella decisión haya sido un error.
P.: Probablemente, Hoenig sí. Teme que se incuben desequilibrios que afecten la estabilidad económica y financiera de largo plazo.
G.G.: Pero tampoco basta con esa convicción. La situación actual, a mi juicio, es muchísimo más frágil que en 2003 o 2004, como lo demuestran las grietas que se abrieron en Europa. Alcanzó con menear un ajuste fiscal a destiempo -y, por ello mismo, poco creíble en sus posibilidades de cumplimiento- para que el tiro saliera por la culata.
P.: La Fed no jugará con fuego.
G.G.: Delo por seguro. La conducción de Bernanke no se moverá un ápice. Acertó con el diagnóstico de fondo y con la medicina. Desde un comienzo, percibió que la amenaza más punzante era el riesgo de una deflación. Por eso no dudó en poner toda la carne sobre el asador. Las decisiones más difíciles ya se tomaron. Baja de tasas a cero, creación de ventanillas alternativas no convencionales de crédito, compras masivas de bonos a largo plazo. Ahora hay que mantener lo que se logró. Está claro que la amenaza persiste. No desapareció. La crisis europea obliga a la Fed a permanecer alerta. Es una razón más, y ni siquiera la única. Ese es el mensaje del comunicado oficial.
P.: Sería prematuro cambiar de política.
G.G.: Europa es la mejor prueba de lo mucho que puede costar un error. La credibilidad se pierde en el acto y no está claro cómo se recupera. Haga memoria: ¿cuál era la opinión sobre el euro, antes y después de Grecia? ¿Cómo se remonta el río aguas arriba y se reinstala la idea, que nadie objetaba un año atrás, de que el euro es una moneda irrevocable, para siempre? Con tino, la Fed no correrá ese riesgo. Primero lo primero: la tarea por terminar es consolidar la estabilidad presente. Olvídese, por un momento, de la crisis europea, y vuelva la mirada a los EE.UU. Si las ventas de casas a estrenar se caen el 33% en mayo, cuando expira un crédito fiscal, y nadie lo esperaba; si se venden sólo 300 mil viviendas cuando se pronosticaban más de 400 mil (lo que constituye el valor más bajo de la serie histórica) no hay que pensarlo dos veces para darse cuenta de cuál debe ser la prioridad.
P.: Las tasas cortas, en este marco, pueden permanecer sin cambios un tiempo muy prolongado.
G.G.: Es lo que dice el comunicado, aunque Hoenig proteste.
P.: ¿Cree que habrá algún retoque antes de que finalice el año?
G.G.: Con un escenario económico más sólido y con elecciones en noviembre sería difícil. Después del estallido de la crisis europea, olvídese. Pasará a la carpeta de temas pendientes para 2011. Y sin ningún atisbo de urgencia. La inflación duerme el sueño de los justos. Sería un exceso hablar de deflación, pero los precios cayeron los dos últimos meses. Como todavía se contrae el crédito bancario, la cantidad de dinero cae o apenas crece, según la definición que prefiera. Las tasas largas de interés se destruyeron casi un punto completo (y las expectativas de inflación, medio punto). Si las condiciones financieras no mejoran antes de setiembre u octubre, yo creo que sí lo harán, la Fed deberá tomar cartas en el asunto, pero no subiendo las tasas sino con otra ronda de expansión cuantitativa.

