6 de julio 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

No es Europa la que produce las turbulencias recientes. Su economía se desacelera, pero no se desbarranca como se temía. Para el especialista en mercados internacionales, que emplea el alias de Gordon Gekko, los próximos exámenes de estrés serán una iniciativa crucial. Bien ejecutados, permitirán separar la crisis bancaria de la crisis de la deuda pública europea. Y conjurar el temor sobre los bancos.

Periodista: Turbulencias no faltan pero, esta vez, no las produce Europa. Es sencillo rastrear las fuentes de la decepción: EE.UU. y China. Las señales de una desaceleración económica no son fáciles de digerir.

Gordon Gekko: Los números europeos no causaron daño. Son modestos, pero las expectativas eran paupérrimas.

P.: No puede hablarse aún de una recesión europea.

G.G.:
Con números concretos en la mano, no todavía. De hecho, la industria no acusa un impacto adverso de magnitud. El indicador PMI manufacturero declinó de un máximo de 57,6 en abril a 55,8 en mayo y 55,6 en junio. El nivel actual en la eurozona es superior al de febrero.

P.: Las lecturas mayores que 50 suponen la expansión de la industria.

G.G.:
Correcto. La crisis no la detuvo. Ni, mucho menos, produjo un derrumbe.

P.: Será difícil impedir una desaceleración en la segunda mitad del año.

G.G.:
Comparto. No se puede contar con la demanda interna como soporte. La consolidación fiscal perjudica. Todo dependerá de la demanda externa.

P.: ¿Qué pasa con el sector de servicios, que carece de válvula de escape (no puede recostarse sobre la demanda internacional) y tiene mayor peso específico?

G.G.:
El cuadro general no es muy distinto. La expansión prosigue, aunque también se suavizó. Según el Euro PMI de servicios, el máximo de la actividad fue en mayo.

P.: Coincidió con el momento de más alta tensión en los mercados de capitales.

G.G.:
Así es. El pico alcanzó un registro de 56,2 y retrocedió a 55,5 en junio, apenas una décima por debajo de abril. Y, sin pretender negar el sesgo declinante, se ubica con holgura por encima del promedio del primer trimestre.

P.: Las noticias económicas puras son mejores que lo que esperaba.

G.G.:
Es verdad. Inclusive hay sorpresas en los países más duramente castigados por la crisis. Sin ir más lejos, Irlanda se las arregló para crecer al 2,7% en el primer trimestre del año, cuando los avatares de Grecia comenzaron a sacudir a toda Europa. España, en el segundo trimestre, pese a todo el viento en contra, redujo el número de desocupados.

P.: ¿Se exageró el impacto de la crisis? ¿Cree que el fuerte rebote del euro es un signo de un cambio de óptica, menos cínico sobre las posibilidades de Europa?

G.G.:
La crisis de la deuda pública se puso en el congelador, de urgencia, a principios de mayo. De ahí que su corrosión directa se contuvo. Pero no es casual que los mismos indicios de debilidad aparezcan en simultáneo en Europa y en los EE.UU. Esa zozobra financiera, breve pero profunda, afectó la toma de decisiones. Y, en todas partes, obligó a pisar el freno. El punto principal es que Europa creó un problema, se les fue de las manos y se compró tiempo para tratarlo. Sin embargo, no está resuelto. Y el ajuste fiscal anunciado rebanará dos décimas del producto de la eurozona este año, pero más de un punto completo en 2011.

P.: ¿Esta súbita resurrección del euro, que brota del escepticismo más pleno, no traduce un primer voto de confianza?

G.G.:
Tal vez. No se olvide, empero, de las vicisitudes de la política monetaria. Mientras la curva de rendimientos se hunde en los EE.UU. en anticipación de una eventual segunda vuelta de relax monetario por parte de la Fed, el Banco Central Europeo (BCE) produjo un apretón de las condiciones de liquidez. Y lo hizo, hasta ahora, sin voltear a nadie. Cuando se comprobó lo segundo, el euro saltó como un resorte.

P.: Se refiere a la cancelación de los 442 mil millones de euros prestados a un año de plazo.

G.G.:
Correcto.

P.: Pero el BCE habilitó otras líneas de asistencia a plazos más cortos para quien necesitase extender los préstamos.

G.G.:
No es lo mismo tomar fondos a tres meses que a un año. Y las cantidades involucradas se redujeron sustancialmente.

P.: También se habilitó una ventanilla a una semana. Si se suman todas las fuentes, no me queda claro que se haya recortado el apoyo.

G.G.:
El sistema tiene un colchón de recursos que no sabe si estará disponible la semana siguiente. Es obvio que el BCE no quería la renovación completa. Las condiciones de liquidez se retraen.

P.: Las tasas cortas, ¿podrían llegar a subir? Sería un despropósito.

G.G.:
Las tasas de referencia, de ninguna manera. Las tasas efectivas, las que se pagan entre los bancos para obtener fondos, y que hoy son una fracción de la que fija el BCE, podrían elevarse. Me refiero, por supuesto, a los bancos que tienen acceso al crédito interbancario.

P.: ¿Piensa que el euro tocó un piso?

G.G.:
¿Un piso duradero? No. Pienso que los bancos centrales deberán expandir mucho más la liquidez hacia adelante, en especial si a los mercados los gana el escepticismo y aprietan de nuevo. Y, más allá de esta movida reciente, el BCE no será la excepción. Todo lo contrario.

P.: Mencionó las dificultades del mercado interbancario. La próxima jugada europea será la difusión de los exámenes de estrés. ¿Cómo progresa la iniciativa?

G.G.:
Es un arma de doble filo. En manos de Europa, por ende, usted corre el riesgo de cortarse tres veces. Bien usada, puede servir para separar la crisis bancaria de la crisis de la deuda pública. Y conjurar la primera.

P.: O sea, para construir una plataforma sólida que resista los tironeos que pueda sufrir la deuda soberana.

G.G.:
Correcto. Es importante entender que Alemania y Francia se oponían a la iniciativa. España la instaló de prepo, con el apoyo de Bruselas y del BCE (y de los que miran de afuera, como EE.UU.). El diseño de la experiencia es clave. Y será el fruto de una negociación. Hasta no ver el esquema definitivo, todo es una especulación más o menos educada.

P.: ¿Qué se sabe?

G.G.:
El examen debe ser creíble. Es obvio que tiene que incluir un shock severo sobre la deuda soberana (lo que se resistía, pero parece que ahora se acepta). Debe cubrir un espectro amplio de la banca. Y se rumorea que no serán 25 entidades, sino más de 100 las examinadas (de todos los países, incluyendo cajas y bancos regionales). En el mismo acto, deberá capitalizarse a los reprobados.

P.: Se podrían usar los fondos del mecanismo europeo de estabilización.

G.G.:
Es lo que se está negociando en Bruselas. Pero no será sencillo. Y puede eventualmente exigir una reposición de recursos ulterior.

P.: Si sale bien, ¿despejará los nubarrones sobre Europa?

G.G.:
No del todo. Ya le dije que no ataca los problemas específicos de la deuda soberana. Pero desandar medio camino demostrará que Europa tiene la capacidad para resolver el tramo que falte completar.