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Diálogos en Wall Street
ä Se acerca el informe de empleos en los EE.UU. y se cuela una incipiente polémica. ¿Qué es mejor para la Bolsa? ¿Una economía firme? ¿O un informe que renueve los signos de debilidad y fuerce una dosis adicional de estímulo? El experto en mercados internacionales -su sosías, Gordon Gekko- no tiene dudas. Nada mejor que una economía que retome lo antes posible su vigor. Y, desde ya, la experiencia de China no constituye contraejemplo válido.
Gordon Gekko: ¿Cómo se corre más rápido? ¿Por los propios medios o con las muletas que pueda arrimar un tercero? No tengo dudas de que la Bolsa precisa corroborar una economía robusta. Se sabe que el Gobierno federal redujo 140 mil posiciones temporarias -ligadas al censo poblacional- el mes pasado. No será posible que el sector privado las compense por completo.
P.: El informe ADP anticipa que se habrían creado 43 mil empleos privados en julio.
G.G.: Se espera que en el reporte oficial sean alrededor de 90 mil. En junio, ADP marcó 19.000 y finalmente fueron 83.000. La correlación, mes a mes, no es muy precisa. Pero todo sugiere -incluyendo las lecturas de los dos informes ISM- que julio fue más fecundo en oportunidades laborales para el sector privado. Ya le comenté que un conteo que exceda los cien mil empleos privados le abriría las puertas a una suba más agresiva de las acciones. Le cubriría las espaldas razonablemente.
P.: No creo que se discutan los beneficios de una economía tonificada. Pero me parece que el argumento en contrario pondera las desventajas de ver evaporarse toda posibilidad de una Fed acudiendo en rescate.
G.G.: Si no hay necesidad de que intervenga, porque la economía sale sola del brete, no habrá problemas.
P.: Recuerdo, el año pasado, este mismo debate, y usted argumentaba que a la Bolsa china la había matado una recuperación demasiado rotunda. En agosto de 2009, exactamente un año atrás, las autoridades de Pekín, ante el temor a una euforia que se saliera de cauce, alertaron, por primera vez, sobre su intención de dar marcha atrás con las políticas de estímulo. Y fue el final de la exuberancia de las Bolsas en China. Nunca más regresaron a la cima de aquellos días.
G.G.: Yo también lo tengo presente. No me malentienda. Si usted retira el estímulo público, a los mercados del mundo les quita la escalera y los deja colgados del pincel. Y los incluyo a todos. Ni el oro sobreviviría (eso sí, después de un par de ruedas de alegría). Pero ése no es el punto. Que la Fed decida permanecer al margen -como lo sugirió Bernanke en el Congreso con toda claridad- no significa que vaya a adoptar una posición hostil o agresiva. Nada lo justifica en la actual coyuntura, que es -Bernanke también lo dijo- de muy incierta transición.
P.: Pero China tampoco maduró una posición hostil. Nunca la ejecutó.
G.G.: No a carta cabal, pero la amenaza era creíble. Y, si bien nunca se llegó al extremo de una suba de tasas de interés, la política económica viró hacia una mayor restricción. Ostensible -sobre todo el aumento en los encajes bancarias- aunque no asfixiante.
P.: Mucho de lo que se hace en China, se hace a través de medidas administrativas. No es fácil de evaluar.
G.G.: Uno puede pulsar las consecuencias. Queda claro que se le puso freno a la fiebre inmobiliaria. Y que no resultó trivial para la Bolsa. ¿Cómo entender si no la coexistencia entre una economía que crece a un ritmo de dos dígitos -como nadie lo hace en la actualidad- y un mercado bear (bajista) recalcitrante en las acciones chinas? Ahora bien, el mundo navega en los mares de las antípodas. Indicadores económicos más robustos son el sueño de todos. Desde los mercados -que un mes atrás no sabían si vender o suicidarse- hasta las autoridades no saben, a ciencia cierta, si lanzar una nueva oleada de estímulo no será el equivalente al suicidio a través de los mercados de bonos.
P.: Me convenció: un número robusto es un alivio vital. Pienso en las autoridades, a las que les saca la responsabilidad de tener que intervenir en auxilio, bajo un cúmulo de dudas y objeciones. Pero el mercado de bonos, ¿por qué debería recibir la noticia con beneplácito? ¿No es allí donde está el puñal?
G.G.: No es posible comerse una torta y conservarla intacta. Eso está claro. A principios de abril, las tasas de los bonos del Tesoro a diez años arañaron el 4%. ¿Qué idea prevalecía entonces? La economía prometía ser una locomotora cobrando cada vez mayor velocidad. Las tasas de interés, nominales y reales, en todos los plazos, operaban en alza. El Dow Jones apuntaba confiado a los 11 mil puntos.
P.: En mayo se derrumbó toda la estantería. Desde los mercados hasta la percepción sobre la propia fortaleza de la actividad económica.
G.G.: La historia es conocida. La Bolsa se hundió y estuvo cuatro veces al borde del abismo. Pero se recuperó y hoy está apenas el 2% o el 3% debajo de sus valores de principios de abril. Las tasas largas, en cambio, cayeron más de un punto completo. Y, a diferencia de la Bolsa, no levantaron cabeza. Toda la curva de rendimientos está en los mínimos o muy cerca. En el ínterin, los balances del segundo trimestre arrojaron una buena cosecha de ganancias -y dividendos- para los accionistas.
P.: La economía se debilitó. No la rentabilidad de las empresas.
G.G.: No durará así por siempre. Es otro argumento para ansiar cifras económicas más vibrantes. Queda claro que la baja de tasas -sobre todo las de largo plazo- ofició de amortiguador. Pero las tasas largas que rigen hoy son similares a las que predominaban cuando la economía estaba en recesión. Hay un margen amplio para que suban -si finalmente se despeja el temor a una caída en la recesión- y aun así resulten inocuas. De última, las tasas largas en el 4% no frenaron a la Bolsa. Los malos números económicos y la turbulencia vinculada a ellos, la derrumbaron de un hondazo. Y eso es nada comparado con lo que hubiera sido la concreción de un verdadero «double dip». Cuanto más lejos de ese escenario de pesadilla y cuanto antes se logre, mejor.

