12 de enero 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

En la encrucijada entre la crisis portuguesa y la continuidad del rally, los inversores no se asustan ni desarman sus posiciones agresivas. Para Gordon Gekko, el seudónimo de un experimentado analista que fatiga el día a día de los mercados internacionales, todavía las acciones aspiran a más. Y si Portugal preocupa, como en su momento Irlanda, también pesan mucho la inercia y la expectativa de buenos balances empresariales en camino.

Periodista: Es una experiencia muy interesante. Dos realidades que chocan de frente. Wall Street versus Europa. La Bolsa que pretende seguir remontando vuelo. Y, en el otro extremo, la deuda europea que ratifica la plena vigencia de sus problemas. Todo el ruido que generó Portugal no alcanzó para descarrilar el avance de las acciones.

Gordon Gekko:
No es la primera vez que ocurre.

P.: No por eso deja de llamar la atención.

G.G.:
Esto es un maratón, no una carrera de velocidad. Es una prueba de resistencia y no importa tanto quién saca ventaja en cada tramo en particular. Aquí quien ría último, no tengo dudas, reirá mejor.

P.: El rally actual puede sobrevivir a la eventualidad de un rescate a Portugal.

G.G.:
Es lo más probable.

P.: No resulta obvio ni muy evidente para mí.

G.G.:
Fue lo que ocurrió cuando descarriló Irlanda en noviembre.

P.: Pero supuso, al menos, una ligera corrección en su marcha ascendente.

G.G.:
La que no está descartada. No se apresure. Todavía Portugal no encalló. Está como Irlanda en la fase previa, en octubre, que no fue un mal mes para las acciones.

P.: Es la fase de la negación.

G.G.:
Trata de recuperarse del empujón que vino desde Berlín.

P.: Se refiere a la versión de que Alemania y Francia ya le habían bajado el pulgar a sus esfuerzos por mantenerse a flote. Que presionaban a Lisboa para que acepte el tercer rescate de la región.

G.G.:
Tal cual.

P.: Pero, ¿es una versión que tiene asidero?

G.G.:
Lamentablemente, en una historia tan corta de vicisitudes, este mecanismo de comunicación ya cuenta con una odiosa tradición.

P.: Ya fue desmentida específicamente.

G.G.:
No por ello es menos verosímil.

P.: Tal vez haya sido un malentendido.

G.G.:
La misma versión que levanta Der Spiegel la recoge la agencia Reuters. No es la primera vez que ocurre así, aunque sea penoso constatarlo.

P.: ¿Piensa que es una decisión tomada?

G.G.:
No, pero pienso que sí refleja una seria intención.

P.: Si uno es Portugal, ¿cómo zafa del brete?

G.G.:
No le pregunte a Grecia ni a Irlanda, porque afrontaron la misma circunstancia y no supieron lograrlo.

P.: Entonces, es sólo una cuestión de tiempo.

G.G.:
La única incógnita es cómo juega el Banco Central Europeo (BCE).

P.: Es verdad. Esta vez acudió presuroso en auxilio.

G.G.:
Una señal sugerente.

P.: ¿Tendrá Trichet una posición distinta? ¿En discordia?

G.G.:
Intuyo que sí, pero no puedo afirmarlo. No obstante, recuerde el entredicho, fortísimo, con Sarkozy y los líderes políticos de la Unión Europea cuando esbozaron el entonces llamado «mecanismo europeo de reestructuración de deudas».

P.: Cuando Trichet dijo que había mucha gente que no tenía conciencia de la gravedad de la crisis.

G.G.:
Fue en la antesala de la caída de Irlanda.

P.: Razón no le faltó.

G.G.:
Como no le faltaría ahora si es que mantiene su postura.

P.: Y piensa que Portugal logrará evitar el abrazo del oso si el BCE no le retacea el apoyo.

G.G.:
El BCE se resiste a suplir a las tesorerías. Rescatar a Portugal es un tema fiscal, y el BCE no quiere apelar a las compras masivas de bonos públicos. Si los gobiernos de Berlín y París le sueltan la mano a Lisboa, no creo que el BCE sea lo suficientemente agresivo como para torcer el destino.

P.: Sólo amortiguará la caída.

G.G.:
Portugal es una pieza pequeña, el BCE puede dilatar los tiempos, pero lo que verdaderamente está en juego es el próximo turno. La batalla de España. Allí no habrá margen de error. Sí o sí todas las partes deberán alinearse. Gobiernos y banco central.

P.: No es extraño que teniendo por delante esta realidad complicada, sin muchos visos de hallar una solución incruenta, las Bolsas puedan concentrarse en otra temática, por cierto, mucho más inspiradora.

G.G.:
No durará por siempre.

P.: Pero sí puede extenderse hasta fin de mes.

G.G.:
Y más también. Aun si Europa aporta nuevas chapuzas.

P.: Que es lo que cabría esperar.

G.G.:
Sin ánimo de ofender a nadie.

P.: ¿Se podrá mantener la cabeza fría y dejar que los balances dicten el rumbo?

G.G.:
El rumbo inmediato, sí. Hay una inercia instalada y en esa agenda éste es el paso que sigue. Y si uno mira los indicadores de riesgo -desde los flujos de fondos hasta el comportamiento de papeles de beta elevado y muy sensibles a los pozos del camino, o el de los commodities- hasta le diría que hay una intención de avanzar sin esperar a que se concrete el amago de corrección que sobrevoló la semana pasada y el lunes cuando Portugal estuvo en la picota.

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