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Diálogos en Wall Street
Ni los tropiezos de Egipto pueden con la embestida de las acciones en Wall Street. No hay imprevisto que ataje el brío de los «toros». Egipto es el segundo receptor de ayuda externa de los EE.UU. y el régimen de Mubarak fue, en los hechos, durante treinta años, un tapón para la propagación de la inestabilidad de Medio Oriente. Al rally poco le importó. ¿Temerario? Para el economista que usa el seudónimo de Gordon Gekko hay facturas que se pagan a plazo. Si se produjera una disrupción del suministro de petróleo otro sería el cantar. Mientras no sea así, el rally no habrá agotado todavía su recorrido.
Gordon Gekko: Sin dudas. Es un arranque muy pujante.
P.: Finalmente el Dow Jones afianza su presencia por encima de los 12 mil puntos. ¿Señal de que el rally no tiene previsto desensillar pronto?
G.G.: No hay garantías escritas, pero no cometa la imprudencia de cruzarse en el camino.
P.: ¿La revuelta que tiene contra las cuerdas al régimen de Mubarak -el mismo que proveyó estabilidad geopolítica a una región crítica por espacio de 30 años- no arredra los ánimos?
G.G.: La respuesta está a la vista.
P.: No puedo creer que el desmoronamiento del Gobierno de Egipto sea un hecho irrelevante.
G.G.: No lo es.
P.: Pero no frena el embate alcista de las acciones.
G.G.: Algunas facturas se pagan al contado. Otras, a plazo.
P.: Aun así, cabe esperar una factura muy abultada. Subestimar sus consecuencias me parece temerario.
G.G.: Si se produce una disrupción en el suministro de petróleo no se podrá soslayar. Y si el dominó del contagio no se frena pronto, tampoco. Otras consecuencias, que pueden ser muy graves, llevarán tiempo en aflorar. Esas pueden ignorarse aunque sea a riesgo de recibir un sacudón más adelante.
P.: No se afectó la provisión de petróleo, pero sus precios -preventivamente- ya se dispararon. El barril de crudo WTI cotiza por encima de los 90 dólares; el crudo de Brent superó los 100 dólares. ¿No constituye acaso un impacto?
G.G.: Correcto. Si ello no detiene el avance de las acciones, la opinión tácita de las Bolsas es que, o esos precios no van a persistir, o el mundo podrá arreglarse para pagarlos sin caer en otra recesión.
P.: Es una visión luminosa de la realidad.
G.G.: Transitamos una fase constructiva. Que necesitó, por cierto, de un suplemento vitamínico inicial muy fuerte -el QE2- pero que, de momento, retoza desafiante, alentada por una coyuntura económica en franca mejoría.
P.: Las economías más robustas son las emergentes, pero ya no son los mercados más firmes. Wall Street, en ese sentido, recuperó el liderazgo.
G.G.: Está claro. La Reserva Federal es su amiga. No puede decirse lo mismo de la mayoría de los bancos centrales del mundo emergente, que deben lidiar con el riesgo de un recalentamiento, con una inflación notoriamente en alza y con una entrada de capitales foráneos que desean restringir.
P.: Las apuestas más agresivas dejan de funcionar después de habérselas exprimido al máximo. ¿No es una señal de saturación? ¿No es un presagio de lo que le espera a Wall Street?
G.G.: La manera en que Wall Street está surfeando el drama de Egipto sugiere otra cosa. En cada retroceso, resurge la demanda por acciones. A precios paulatinamente más altos. Cuando las noticias de El Cairo pegaron de lleno, el viernes, la caída de los segmentos de mayor beta (acciones tecnológicas, de pequeñas compañías, del sector transporte) no fue muy diferente del repliegue que sufrió el Dow Jones o el S&P 500. Y si mira la reacción del martes verá cómo vuelven a hacer punta. El Dow subió el 1,2% y el S&P 500, el 1,7% mientras el Nasdaq (el buque insignia de las tecnológicas) avanzó el 2%; el Dow Jones de Transporte, el 2,2%; el Russell 2000 (pequeñas compañías), el 2,3% y los bancos escalaron el 2,5%...
P.: ¿Cree que el rally conserva recorrido? A pesar de los sucesos que agitan el mundo árabe, la suba del precio de la energía, los titubeos de los mercados emergentes.
G.G.: Lo que no mata fortalece. Los indicadores que miden la aversión al riesgo, la predisposición a buscar un refugio, arrojan lecturas distendidas.
P.: ¿Como ser?
G.G.: Los habituales -el dólar contra el euro, la cotización del oro, las tasas de los papeles del Tesoro-. Tuvieron un respingo la semana pasada y luego se calmaron con rapidez. Lo mismo vale decir del índice VIX que mide la percepción de volatilidad en las acciones.
P.: La mesa, pues, está servida...
G.G.: Lo que no creo es que se pueda mantener el ritmo de vértigo. Apostaría por el regreso del serrucho de las semanas pasadas, lo que fue muy útil para depurar el entusiasmo que en algún momento se insinuó desbordante. Este es un rasgo que conviene tener presente. Una de las razones por las que el rally se preserva es que porque las carteras de inversión no están muy invertidas en acciones de los EE.UU. Recién en las últimas dos semanas los flujos de recursos hacia los fondos comunes de acciones domésticas fueron superiores a los que se dirigieron hacia las Bolsas internacionales. Y hasta diciembre lo que se observaba, período tras período, era una salida neta de dinero.
P.: La temporada de balances ingresa en su tramo final. ¿Qué decir de los estados contables que ya se conocieron?
G.G.: Lo más auspicioso, a mi juicio, es el leve repunte en la tasa de crecimiento de los ingresos de las empresas que orilla el 10%...
P.: A pesar de la suba de precios la valuación de la Bolsa no parece desmedida.
G.G.: No es un obstáculo. No con una economía que tomó distancia del riesgo de recaída.


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