20 de julio 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Se vive día a día. Y con el corazón en la boca. Aunque Wall Street no cotiza nada mal, sigue mostrando vocación de dar pelea y tiene ahora a su favor una tanda auspiciosa de balances empresarios. Pero los avatares de la deuda pública mandan. Y para saber qué pasará en Europa, nada mejor que consultar a Gordon Gekko, un veterano rastreador de los mercados internacionales.

Periodista: Una mano de cal. Otra de arena. Hoy (por ayer) tocó disfrutar del día de alivio. El presidente Obama señala que hay progresos en las negociaciones por elevar el tope de la deuda pública, y Wall Street, ni lerdo ni perezoso, ensaya una contraofensiva.

Gordon Gekko:
A decir verdad, la movida comenzó antes que Obama dijera una sola palabra. Fueron los balances los que encendieron la chispa.

P.: En otros momentos, los balances estarían dictando la tónica de los negocios. Pero fueron desplazados por los nubarrones sobre la deuda pública a ambas márgenes del Atlántico.

G.G.:
Es una pena, porque los resultados son bastante decentes.

P.: Incluyendo los que arrojan las compañías financieras, tan maltratadas en sus cotizaciones.

G.G.:
Hacía tiempo que no producían sorpresas favorables. Y han logrado anudar una seguidilla interesante.

P.: Salvo Bank of America, que sufrió el impacto de haber arreglado varias disputas inmobiliarias muy costosas.

G.G.:
Aun así, pudo presentar un quebranto menos dramático que lo esperado.

P.: Queda claro que los balances empresarios pueden amortiguar la caída, pero en la actualidad son las deudas soberanas las que conducen el timón. Europa define. Nadie perdió mucho el sueño con la discusión por el techo del endeudamiento en los EE.UU.

G.G.:
Es un tema que segrega adrenalina, produce nerviosismo, pero, en los hechos, todavía no daña a la propia deuda.

P.: ¿Cómo se entiende?

G.G.:
Todavía nadie lo cree de veras posible.

P.: Me recuerda a Grecia a fines de 2009. Cuando hasta Jean-Claude Trichet, el titular del BCE, advertía de la posibilidad de un default en Grecia y tampoco los mercados lo tomaban en serio. Grecia rendía entonces menos que Italia ahora.

G.G.:
Es una muestra gratis de irresponsabilidad política. Que nadie puede asegurar que no pasará factura más adelante. De ahí el escozor. El mensaje que preocupa es que, en la arena política, todo será choque y confrontación hasta la elección a fines de 2012.

P.: En Europa, las expectativas están puestas en la cumbre de esta semana.

G.G.:
Salvo que Alemania la boicotee.

P.: La premier Angela Merkel, que no quería que se realizase, finalmente aceptó concurrir.

G.G.:
Sin embargo, ya dijo hoy (por ayer) que no había que esperar resultados espectaculares.

P.: ¿Sino más de lo mismo?

G.G.:
Aceptemos su franqueza.

P.: Der Spiegel le atribuyó a Helmuth Kohl una frase cuya procedencia luego se desmintió. «Merkel está destruyendo a mi Europa». No sé quién la dijo, pero no me parece inexacta.

G.G.:
La posición alemana es simple. Ya le giramos a Grecia el quinto tramo de la ayuda original. Deberían tirar hasta septiembre. El problema que hay que tratar es -son palabras de Merkel- «muy complejo». Cito textual, en un día o dos, «no se va a poder dar un paso espectacular». Mi modesta opinión: Merkel desconfía de lo que le quieran hacer firmar de apuro en una cumbre. Deduzco que, esta vez, esa desconfianza incluye a Francia. Por eso quería posponer el cónclave hasta no tener primero un acuerdo cerrado, monitoreado en detalle por sus asesores.

P.: Hace más de un año que Grecia es un asunto delicado. No es una novedad de la semana pasada.

G.G.:
Tiene razón. Y desde mayo Alemania planteó que necesita que el sector privado se involucre en la refinanciación. Y ahí reside el hueso duro de roer.

P.: Cuesta creer que lleve tanto tiempo imaginar un curso de acción.

G.G.:
Mi impresión es que todas las propuestas técnicas están puestas sobre la mesa. A esta altura, es difícil inventar una solución que sea enteramente original.

P.: Lo que no está madura es la definición política.

G.G.:
Lo que Alemania quiere el BCE lo rechaza. Lo que el BCE postula a Alemania le pone los pelos de punta. Es relativamente sencillo. Los demás son espectadores. Convidados de piedra. Y cuando haya un acuerdo, no les quedará más remedio que apoyarlo. Y apostaría a que lo harán con ganas.

P.: Es interesante, entonces, que haya aparecido un miembro del BCE, el austríaco Nowotny, rompiendo lanzas con la negativa de su institución. No descartó la posibilidad de un default selectivo de Grecia como parte de una solución.

G.G.:
Siempre y cuando sea de muy corto plazo.

P.: Una solución a la uruguaya entraría en esa descripción.

G.G.:
Seguro. Nowotny fue muy sensato. El punto es obvio: es el BCE el que define las reglas de cuál es el colateral aceptable para sus operaciones, no las agencias de crédito.

P.: ¿Comenzó un acercamiento de posiciones? ¿Hay un ablande de las posturas extremas?

G.G.:
Lamentablemente, la crisis -su gravedad- es la que determina los tiempos. Pero el efecto Nowotny fue muy potente. Las tasas griegas a dos años se dispararon del 32% al 39%. Es una olla a presión. Y Nowotny le agregó leña al fuego.

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